Publi: envíosCertificados: ahorra más del 60 % en tu partida de envíos. 100% legal
Facebook Twitter Google +1     Admin

fantasias para adultos


http://fantasiasdellobo.blogia.com

NO APTO PARA MENORES DE 18 AÑITOS

Temas

Archivos

Enlaces


Se muestran los artículos pertenecientes al tema FANTASIAS ANIMADAS.

Historia escrita a dos manos

20060511111428-al-009-sx-7.gif

Este post  lo escribió una amiga virtual como regalo personal. Me autoriza a publicarlo y ampliar su versión en lo que considere oportuno. 

LA CIBERAVENTURA

    Nos conocimos a través de una amiga, él no lo supo ni se lo conté, deje que creyese que había sido la casualidad. Mi amiga me hacia un favor según ella, él le había enseñado su polla y se quedo sorprendida con el tamaño. Lo que no sabía eran las consecuencias del juego.

     En principio me negué; “no me gustan esos juegos” le comenté, pero la imagen de esa polla grande rondaba mi cabeza desde que ella me lo contó. Así que acabe cediendo al juego.

     Entró, hablaba rápido y era directo, en solo 5 minutos su polla estaba ante  mi vista, ¡Dios¡, era tan impresionante como me había dicho mi amiga y no solo eso, él parecía saber de mí más que yo misma, más de lo que yo me solía  confesar.

   “A ti te gusta cabalgar, montar a un hombre”, me dijo y yo fingí que no me sorprendía  para no dejar ver cuanto morbo me causaba que sólo con verme pensase eso de mí.

   “ Tienes cara de modosita  pero en realidad eres un hombre follando, a ti te gusta dar, comer y  dejarlos en la cama, hechos polvo”. Mis risas iban en aumento así como el morbo  y la excitación, saber todo eso, saber que él lo sabía y que me miraba fijamente a través de la cam, mientras sus palabras sonaban en mis oídos a través del teléfono.

    No se cómo lo hizo y por qué no me resistí más, pero en sólo diez minutos habíamos quedado en un hotel y yo me moría de ganas por sentir todo lo que prometía hacerme nada más entrar.

    Las promesas se cumplieron. Mis piernas temblaban camino del hotel y mil veces di la vuelta mentalmente, pero  las ganas  me podían, “¿cuánto llevas sin que te follen bien?”, esa frase de él daba vueltas en mi cabeza,¡¡Dios¡¡ que me follen bien.

    Me había dado el número de la habitación, recorrí el pasillo despacio  sintiendo la excitación junto con las palabras de miedo de mi cabeza, pero el deseo de sexo ganó.

     La puerta estaba abierta,  casi me moría  al entrar. Allí estaba, esperándome, con ese mirar de seguridad y esa cara de morbo. Su polla toda erecta  apuntando a través del pantalón. No cruzamos palabra, se acerco y tapo mi boca con un beso largo y húmedo, con su lengua  que se movía  en mi boca no dejándome casi respirar, apretando su cara contra la mía. Mi respiración se agito tanto en tan poco que por un momento  pensé, “me ahogo”. Mientras sus manos no pararon ni un segundo; tocaron mis pechos y pellizcaban mis pezones fuerte casi haciéndome daño justo en ese punto entre el dolor y placer, mi sexo estaba totalmente húmedo y los fluidos mojaban ya  mis bragas, esto era tal como lo describió para mí, así, justo.

    Mis manos, que no sabia donde colocar, bajaron a su polla ya dura y baje su pantalón. Entonces soltó mi boca y rápidamente bajé hasta ella, chupándola con  ganas…. toda aquella polla era mía  y el miraba con cara de satisfacción como se la comía allí mismo de pie

    Mis manos  bajaban y subían por su polla,  sus testículos, apretándolos mientras en  mi boca no paraba de entrar y salir de aquella polla demasiado grande para ella.  Poco a poco el fue dejándose  llevar por las sensaciones y sus ojos comenzaron a cerrarse de placer y sus gemidos acompañaban los embistes de mi boca;  su polla vibraba, ya era mía, con un largo gemido se corrió  mirándome  fijamente no quería perderse mi cara, lamiendo su leche, toda, con placer.

   Me sentía satisfecha de haber comido esa hermosa polla y no sabia si necesitaría tiempo para recuperarse, pero lo supe  enseguida. Me cogió por las caderas situándose detrás de mi, me llevó hasta la cama y empezó a desnudarme lentamente, lamiendo mis tobillos, mis muslos, subiendo hasta mi coño y para entones yo ya gemía  de placer. Su polla casi volvía a estar dura de nuevo  y en un solo giro lo situé debajo de mí. Bajé lentamente entre sus piernas y él se dejó hacer riendo mientras decía  “¿me vas a follar, como a ti te gusta, me vas a cabalgar?”.  Mi cara debió ser la explicación a esa pregunta porque él se dejó hacer; subí lentamente por sus piernas, lamiendo sus muslos por la parte interior, despacio hacia su polla, evitando tocarla, solo alrededor aumentando así la excitación ,lamí su pecho, su cuello y un  mordisco se escapo  sin querer,  el no dijo nada, se dejó, mi mano agarro esa polla, y sólo por un instante pensé si aquello entraría en mí .Deslicé mi cuerpo hasta la altura de la polla y mi mano la guió hasta la entrada… y  entró despacio. Los fluidos hacían suave la entrada; dejé que entrase suavemente para levantar mi cuerpo y meterla a fondo de un solo golpe; él miraba mi cara mientras yo cerraba los ojos de placer al sentir todo aquello dentro de mí. Encajaba a la perfección, era una  polla a mi medida. Sí, me sentía llena  y me apetecía cabalgar lentamente haciendo que entrase y saliese suavemente en mí; hay un instante, cuando esta a punto de salir, en que el placer es máximo  una corriente que sube hasta la nuca y yo quise sentirlo, una y otra vez.

    Con  mis movimientos él sonreía, era feliz, todo aquello era lo que dijo que ocurriría y sonreía de verme, mirándome y sintiendo como cada vez el movimiento se hacia más rápido, haciendo que su polla al entra rozase mi clítoris, sintiendo el coño caliente cada vez más y más hasta no poder parar.

     Mis manos se agarraban a su pecho y mis movimientos cada vez mas rápidos se convirtieron en frenéticos; sentía que iba a llegar y mire su cara. Había un a mezcla de placer y morbo  y eso me excitó mucho más. Allí estaba yo follándome a un tío que conocí  en un Chat,  y sin más, ¡ahhh ¡ el  orgasmo llegó con esa idea, y su cara,  su sonrisa me hizo seguir  cabalgándolo, unos movimientos más y el cerraba los ojos y gritaba conmigo.

…………………

 Yo proseguiría la historia de ella así: 

 

…..Después de recuperarnos, tumbados uno al lado del otro, él, incorporándose,  comenzó a jugar con mi sexo. Sus expertos dedos excitaron mi sensibilizado clítoris. Pronto su lengua lo frotaba una y otra vez y sus labios lo manipulaban a la perfección, su lengua recorrió los labios y penetro mi vagina poniendo de nuevo mi coño húmedo y abierto. Observé como su polla crecía de nuevo adquiriendo esa dimensión tremenda. La agarré y chupé de nuevo pero sin ganas de que se corriese. Quería que me penetrase, sentirme follada por él. Como si adivinase mis pensamientos me volteó y levantando mi culo hacia arriba separó mis muslos y sentí como su enorme polla entraba de un tirón en mi vagina. Con sus manos agarrando mi trasero me folló como a una perra y sus testículos golpeaban mi clítoris una y otra vez. Creí volverme loca de gusto….era un orgasmo detrás de otro y él seguía con sus penetraciones aceleradas y su polla dura dentro de mí. Deseaba que no terminara nunca…. Me gustaba ser follada así. Duró mucho tiempo y sentí como eyaculaba dentro de mi coño….sentí el chorro de semen salir disparado en mi interior pero su erección se mantenía…”¡¡sigue…sigue!! le dije…..no paraba. Con mis contracciones mantuve su erección y volvió a correrse. Esta vez la eyaculación fue menor pero sentí de nuevo el semen dentro de mi vagina. Sus gritos de placer me hacían enloquecer. Me tumbé con su polla dentro, sin dejarla salir contrayendo la vagina y cerrando los muslos. Tenía pillados sus testículos duros y la sensación de su polla dura me seguía provocando pequeños y continuos orgasmos. Poco a poco de fue desinflando hasta quedar totalmente floja.

 

Se tumbó boca arriba agotado. Me senté a su lado y contemplé aquella polla exhausta y totalmente fláccida. Jugué con ella entre mis manos y pase mi lengua por el glande notando como vibraba por la sensibilidad….se fue poniendo dura poco a poco y me invitaba a masturbarle…”¿Te gusta  que te hagan una paja?” pregunté …..asintió con la cabeza. Mis dedos fueron frotando el miembro despacio y se puso cada vez más dura. Agarrando sus testículos y acariciándolos  seguí frotando su polla……vi como sus gestos de placer eran cada vez más intensos, pero quería comprobar como eyaculaba. De pronto la erección fue máxima y sus testículos se pusieron duros…… un grito de placer provocado por el orgasmo y lo sensible de su polla después de tanto eyacular…. Gemidos y un chorro menos intenso de semen que me salpicó la cara. Seguí frotando con menos intensidad y salió el resto de semen…… su polla seguía erecta hasta que poco a poco se puso fláccida de nuevo.

 

Así terminó aquella aventura. No sé si repetiré con él …pero de lo que estoy segura es de haber sido bien follada y de haberme follado a un tío con una enorme polla…..

 

Hacía tiempo que no me follaban así… a tope y sin regatearme ningún orgasmo.

 

Cuando se lo cuente a mi amiga seguro que alucinará…no querrá perder detalle del relato.

 Ahora expongo la versión de él, un tipo con la autoestima demasiado elevada y que tiene una polla por cerebro (de esos hay unos cuantos). Esta vez la autoría es mía….. y espero que guste a mi amiga virtual.

 Sabía que acudiría a la cita. Todavía me cuesta creer en la casualidad de nuestro encuentro en el Messenger, pero sus ojos no daban crédito a lo que observó en la webcam: mi polla  fláccida creciendo paulatinamente y sin parar. Provoqué sus instintos y deseos, incité sus ganas de comerse la polla entera…toda para ella.  De vez en cuando hay tías que no se resisten y desean verla al natural, tocarla y manipular entre sus manos mi enorme miembro. Nos citamos en un hotel. Llegué primero a la habitación y me desnudé. Quería jugar con el factor sorpresa, mostrar toda mi excitación y dejar que actuase pos instinto animal…ese que las mujeres manejan mejor que nosotros cuando quieren sexo furtivo y clandestino. Dejé la puerta abierta. Sentí pasos en el pasillo acercándose. De pronto silencio…la puerta se abrió del todo, dejando ver la imagen de una mujer joven, de unos treinta y copos años… el rostro idéntico al que recordaba haber visto en la webcam. Miró mi cuerpo y sus ojos bajaron hasta mi polla erecta. Sonrió y sus ojos me miraron directamente. Entró en la habitación cerrando la puerta tras de sí. Me acerqué sin dejarle decir nada y besé su boca intensamente. Soltó el bolso y sus manos no sabían como abrazarme, qué hacer…estaba desconcertada por mi reacción. Apenas podía respirar mientras comía su boca y metía mi lengua dentro, jugando con la suya. Disfruté viendo como se excitaba. Pensé que hacia tiempo no disfrutaba de un beso así, se notaba por su cara de sorpresa. Me gusta poner a las tías en situaciones límite, que broten sus instintos más animales, esos que reprimen en sus casas con sus santos esposos. Necesitan tíos como yo, liberados y sin conciencia del pecado, que les facilite el placer que buscan y no encuentran en sus aburridos matrimonios. Me joden los imbéciles que insultan por la red llamándome vicioso y cerdo mostrador de mi propia polla. Ella es capaz de hacer gozar a todas aquellas tías que, salidas y reprimidas, no se atreven a comerse las pequeñeces de pichas insulsas de sus maridos y novios impotentes….esos que se corren antes de follárselas como debe ser. Todas las que he conocido les entusiasma sentirse folladas una y otra vez, corriéndose repetidamente y quedar agotadas. Eso se consigue con pollas en condiciones…como la mía. Recuerdo aquella vecina que se pasaba las horas viéndome trajinar por la casa totalmente desnudo. Desde su ventana divisaba mi baño y parte del salón. Un día bajo con la excusa de que una prenda de vestir cayó sobre mi tendedero. Al abrir la puerta y ver mi estado de desnudez ni se inmutó. Le invité a pasar para entregarle la prenda reclamada y en plena conversación mi polla se puso tiesa. La vecina, una mujer de unos 50 y tantos años me dijo…”de buena gana me comería esa polla”…. y se la comió, tragándose todo el semen eyaculado mientras se masturbaba con una de sus manos. Su marido era impotente, según me contó y deseaba una experiencia sin compromiso; ser follada sin que su marido supiese ni sospechase nada en absoluto. Dos días después le indiqué por la ventana que bajase de nuevo. La desnudé, se dio una buena ducha y adoptando la postura de los perros me la follé repetidamente. No era atractiva y sus pechos colgaban flojos después de cuatro partos, pero su culo me excitaba. Duro y hermoso invitaba a tomarla por detrás. La buena mujer disfrutó como una enana. Así estuvimos durante tres meses, aunque más veces se comía mi polla y sólo de vez en cuando la follé en la misma postura. Se mudaron de casa y decidimos dejar aquellos encuentros furtivos.  No cuesta tanto hacer feliz a una mujer. Me gusta. Retomando la historia, se arrodilló y agarrándola la metió en su boca despacio, como saboreando el volumen, el tamaño….la chupó con ansia y agarró mis testículos chupándolos. Mi placer era enorme…esa tía sabía hacer las cosas. Chupó y lamió hasta que me corrí a tope y el semen mojaba sus labios y su cara. No le hizo asco a nada y no dejaba de mirarme, observando mi expresión de placer. La desnudé acariciando sus formas. Era atractiva y me gustaban sus pechos que mordí, sus pezones duros, sus ojos penetrantes, sus muslos, su culo, su coño cuyo vello excitaba. Me tumbó sobre la cama comprobando como mi polla se recuperaba. Acarició y beso mi cuerpo, mordió mi pecho y me montó restregando sus piernas entre mi sexo y mis muslos. Una vez que la polla estuvo a su antojo la apuntó hacia su vagina la introdujo de golpe. Sentí  su calor interior….una vagina hospitalaria que aguantó toda la longitud de la polla dura. Cabalgó como una posesa corriéndose y gritando sin parar. Estuve a punto de reventar…. Intentaba aguantar para corrernos juntos, sabía como se correría. Agarré sus pechos duros y hermosos;  eso le producía más excitación. Fueron unos orgasmos salvajes. Quedamos semi agotados, tumbados juntos en la cama. Me  gustó ser cabalgado por una hembra así, una mujer cachonda, de las que me gustan, de las que saben follar y tomar lo que quieren. Deseaba reponerme enseguida, excitarme otra vez con su cuerpo. Acaricié su sexo y con la lengua jugué con su clítoris que enseguida se endureció…. Sus labios estaban húmedos y mi lengua penetró en su vagina. Sentí como se retorcía de gusto. Ella jugaba con mi polla entre sus labios. Volteé su cuerpo, levanté su hermoso culo y con mi polla recuperada penetré su vagina con fuerza. Ella gritó de placer y la follé sin parar. Sentía sus orgasmos pidiendo que no parase. Me corrí intensamente mientras ella sujetaba mi polla y con sus contracciones evitaba que perdiese erección. Era demasiado fuerte….volví a correrme….esa mujer parecía incansable. Tumbada y sin dejarme sacar la polla de su sexo, con mis testículos pillados, noté como tenía pequeños orgasmos. Perdí la fuerza y la polla se aflojó del todo. Pensé que se daría por satisfecha….pero no. Todavía tuvo ganas de hacerme una paja…. Y lo consiguió. Con su boca y sus manos puso mi dolorida y sensibilizada polla nuevamente dura….lo suficiente para que, con sus expertas manos, lograse ver como una última eyaculación salía y salpicaba un poco su cara. Mi polla estaba dolorida a tope…. Demasiado trote con una sola tía. Pero quedó satisfecha y bien follada.  No sé mucho de ella….no sé nada, pero me  gustaría volver a follar con ella. Sabe valorar una buena polla y es una experta en comerse y disfrutar de un plátano en condiciones. Seguiré investigando por la red. Creo que  hay muchas tías capaces de valorar una polla como la mía.

Cris era más realista

20060507113207-placeres.jpg

Sabía que Clara estaba enamorada de ella. Notaba sus miradas contantes, sus sonrisas y su forma de hablar, de compartir.

Aquella tarde sucedería lo inevitable y estaba dispuesta a llegar hasta el final. Clara estaba sentada y no dudó en acomodarse sobre sus rodilla, dajarle hacer y mostrarse en principio pasiva. Deseaba sentir y hacer sentir. Su amiga acaricio su cuellos y su cara, beso sus mejillas, sus ojos y posó sus labios en los suyos. Cris dejó su pasividad y tomó la iniciativa..... la besó intensamente metiendo la lengua en la boca de Clara, retorciendo sus labios y escuchando los gemidos de su amorosa amiga, mientras sus manos recorrian su cuerpo. Lavantó la camiseta de Clara y desabrochó el sujetador dejando al descubierto sus pechos juveniles y tersos con los pezones excitados, dispuestos a ser lamidos, besados, succionados y mordidos. Notaba los orgasmos de Clara y eso le excitaba más. Deseaba gozar con su cuerpo y sabía que ella no pondría reparos, estaba rendida por el placer y no opondría resistencia a nada de lo que le hiciese.

Su amistad en el instituto comenzó desde el principio. Tenían gustos muy parecidos pero personalidades distintas. Cris salía con un chico y follaba de vez en cuando, pero no encontraba el placer que esperaba ni él sabía satisfacerla como ella deseaba. Se resistía a masturbarla y lamer su clítoris. Ella no disfrutaba con los embites del inexperto amante. Notaba que la cercanía de Clara y de las otras chicas le excitaba sobremanera. Intuía su lesbianismo pero no podía mostrarse tal como sentía. En sus salidas con Clara hablaron de sus sentimientos y descubrió que su amiga era sensible a su compañía, que se mostraba cariñosa y no ponía repara a ir de la mano juntas por esas calles desiertas. Incluso en el cine Clara mostraba deseos de agarrar su mano y juntar sus cabezas. Sus miradas eran de una complicidad inmensa. Pero Cris era consciente de que aquello no tenía mucho futuro. çella no estaba enamorada de Clara..... sentía deseo y pasión hacia ella, pero no amor. Sabía que después de Clara habría otras muchas chicas y quizás mujeres mayores que ella..... deseaba amar a cuerpos de mujer, gozar de ellos y no comprometerse con nadie. Su propia frialdad le asustaba.

Incorporándose Cris de desvistió por completo, despacio y atenta a las miradas de Clara que acariciaba su sexo bajo el pantalón. Notaba su excitación en aumento. Las miradas de Clara recorrían su cuerpo. Después hizo ponerse a su amiga de pie y la fue desnudando despacio, acariciando su torso, sus piernas, su precioso culo, su espalda, metiendo la mano entre los muslos y agarrando su sexo fuertemente. Clara se dejaba hacer jadeando de placer. La tumbó y abriendo sus piernas metio la boca en el sexo de la muchacha. Con la lengua lamió su clítoris tieso y duro, frotando con sus labios y metiendo la lengua en la vagina húmeda de Clara mientras sentía como su cuerpo se retorcía de placer. Quería follarla. Acopló el cinturón del consolador a su cintura y levantando la piernas de su compañera la penetró observando el gesto de dolor y el gemido de Clara al ser desvirgada de golpe. Juntó su cuerpo al de Clara y la cabalgó frotando ambos clítoris mientras el consolador penetraba incesantemente una y otra vez. Clara gritaba de placer y Cris apagaba sus gritos mordiendo sus labios y metiendo la lengua en la boca de su amiga.

Los orgasmos se sucedieron hasta caer rendidas y mojadas de placer. Clara apoyo su cabeza en los pechos de su amiga acariciándolos, mientras lloraba silenciosamente. Nunca pensó experimentar tanto placer y ser amada de esa forma. Nunca antes había sido amada por nadie. Cris descansaba del esfuerzo, pensando repetir de nuevo esos momentos de intenso placer. Le gustaba follarse a su amiga conocedora de que lo haría siempre que quisiera. Pero temía el momento de la despedida. No volvería a tomarla más entre sus brazos. Era preferible que sufriese ahora que, quizás, dentro de un par de años o más.....

Clara pensó morir de amor al oir aquellas palabras...... "Mejor lo dejamos Clara.... no te amo y sufrirías mucho por mi culpa"

Dos meses después Cris abandonó el instituto desapareciendo de la vida de Clara.

Este relato consta de dos partes.
El texto que habeis podido leer es la parte que corresponde a Cris.
La correspondiente a Clara, "Pastelarium" está escrita por MDM y podeis leerla en su blog
"Con el paso cambiao"

 

 

LA TARDE

20060413075007-nudesemu-0001.jpgRecuerdo el comienzo de aquella tarde. Habíamos comprado una botella de champán en un supermercado…creo que en el centro de la ciudad. Regresamos al hotel y dejamos la botella en el minibar…. entraba justa. Volvimos a salir, me apetecía pasear y disfrutar de tu conversación, de tus besos, de tu risa.

De vuelta al hotel me preguntaste: -“¿Estás excitado?”- agarrándome el sexo con tus dos manos. Aquello provocó una erección muy fuerte. Bajaste mis pantalones y te hizo gracia que no llevase ropa interior. Ante tus ojos y tu boca tenías mi polla erecta apuntando a tus labios. La acariciaste observando sus formas con detenimiento, recreando tu mirada, jugando con el escroto, masajeando mis testículos y provocando que la erección fuese extrema. Me dolía un poco la polla hinchada….al borde de la eyaculación…..lo sabías, disfrutabas poniéndome al límite. Descubriste tus pechos; restregaste el falo entre ellos. Tienes unos pechos pequeños, duros, tersos con un  pezón que se adivina siempre entre la ropa. –“¡No aguanto más…necesito correrme!!”- Sonriendo llevaste mi polla a tu boca…….. pasaste la lengua…… metiste el miembro entre tus labios……. jugaste con ella dentro de la boca….el placer era intenso….lance suspiros, gemidos mientras tu seguías jugando con ella y el clímax llegó....de golpe, con una fuerte eyaculación…….dejaste correr el semen por tu  cara. Tu lengua remataba mi orgasmo lamiendo el escroto. Me llevaste al baño. Lavaste mi sexo con suavidad provocando de nuevo la excitación.
Por fin nuestro deseo se hizo realidad: un buen baño de sales acompañado de unas copas de champán. Excitados nos metimos en la bañera. Era espaciosa y nos podíamos mover bien. Cuando nos dimos cuenta estábamos a merced de los vapores del baño y del champán….hablábamos y nos acariciamos sin parar…. Recuerdo tus tres orgasmos casi seguidos, provocados por mis dedos en tu sexo. Querías volver a chupar mi polla. Entre risas te convencí para follar….me apetecía follarte. Salimos de la bañera. Secamos nuestros cuerpos a duras penas…. No soltabas mi polla dura; en  la cama levanté tus piernas sobre mis hombros, viendo tu sonrosada vagina abierta y húmeda…… tu mano llevo la polla a la entrada. Te penetré fuerte y gemiste de placer. Follamos intensamente, sin parar. Me alucinaban tus orgasmos tan seguidos y me pareció llegar al paraíso cuando al correrme tú también lo hiciste, al unísono, revolcándonos por el lecho, lanzando gemidos de placer animal, besando y mordiendo nuestras bocas.
De vuelta a Madrid la tristeza nos invadía. Lloraste durante un buen rato del trayecto; sabíamos que aquello no tenía mucho futuro. Pero seguimos citándonos…. hasta que la aventura terminó.
13/04/2006 07:50 fantasiasdellobo Enlace permanente. FANTASIAS ANIMADAS No hay comentarios. Comentar.

Sueños perreros

20060402095122-kisu13.jpg

Me encantan las mujeres sueltas, con sus pechos moviéndose al andar, sin sujetador que oprima el movimiento insinuante y gracil de los senos pequeños.

Me encantan esas adolescentes al borde de los dieciocho, con sus pantalones ceñidos marcando un tentador trasero, sabedoras de que las miras, cómplices del cruce de miradas, calientes por dentro, hipocresía desbordante por fuera.

Me encantan esas jóvenes madres, empujando el carricoche de sus pequeños vástagos, dando rienda suelta a la imaginación y soñando mil perrerías por hacer con ellas.

Me encantan las dependientas de los almacenes, solícitas, atentas, preciosas, excitantes.....me ponen tan cachondo cuando se agachan a buscar lo solicitado por mí......mostrando sus encantos entre la blusa y el sujetador.

Me encantan los recuerdos de adolescencia....las hermanas de mis amigos, siempre a mano y siempre distantes; tan cercanas e intocables; tan mironas y salidas; tan provocadoras y sólo servían como pajilleras: simples calientapollas.....era la época.

Me encantan las lujuriosas de internet.....sin tapujos, dando rienda suelta a su vocabulario e imaginación...siendo ellas mismas, excitantes, transgresoras, calenturientas....todo lujuria virtual.

Me encantan las marujas en el mercado mirando a los pocos hombres capaces de comprar; debe ser toda una gozada poder ligar en un mercado.....compartir el peso de la compra... terminar en una habitación.... desnudo rápido, polvo al vuelo, mamada de urgencia, clítoris lamido.....orgasmo delirante....ducha compartida..... y se terminó la compra (quedamos para el próximo martes???).

Me encantan las sacerdotisas paganas, su gracia en las ceremonias, sus túnicas transparentes, su desnudo juvenil, su iniciación sexual, su mimo al falo, su orgasmo sagrado (y el mio).

LA MONJA Y EL DIABLO

20060221145722-la-monja-y-el-diablo.jpg

Desnuda en su celda la hermana Virtudes ansiaba salir de su encierro. La noche se hacía larga... muy larga. Acariciaba su clítoris pensando en las próximas horas; cuando amaneciese debería acudir a la solicitud del confesor, preparar las ropas adecuadas para la misa y ayudar al joven sacerdote......que tanta excitación le producía. No descartaba contarle todo en confesión; su amiga dentro del convento, la novicia Lucía, le contó haber observado al confesor masturbarse en la sacristía después de escuchar su confesión. En la misma le relató sus sueños lascivos....cómo imaginaba ser poseída por la estatuilla del diablo que en el convento estaba...... cómo sin ser vista pasaba su lengua sobre el falo de aquel Satán de bronce......

Sor Virtudes no descartaba seguir los pasos de la novicia....incluso buscaría la ocasión para observar al confesor....... La vida en aquel encierro era tan rutinaria.... tan aburrida por las noches, que la mente se recreaba en sus propias caricias, en imágenes poseídas...... en sexo insatisfecho.

POSTURA LÍMITE

20060217133214-mas-dificil-todavia.jpg

Sin saber el cómo ni el por qué ...........LA URGENCIA ES ACUCIANTE!!!!!!

17/02/2006 13:35 fantasiasdellobo Enlace permanente. FANTASIAS ANIMADAS No hay comentarios. Comentar.

E L A R Q U E R O

20060215134559-arquero-erotico-2.jpg

Quedaron citados en el lugar de la competición.

Como siempre él se presentó con su arco de competición perfectamente armado y dispuesto a participar en el torneo. Quedó finalista. Salieron del lugar encaminándose hacia el coche. Él no hablaba de otra cosa que no fuera del tiro con arco....su conversación era machacona y constante, repasando toda la historia del arco y su importancia en el desarrollo de la caza, la guerra, el deporte.......

La muchacha estaba aburrida de la conversación. Sólo les unía la práctica del sexo....para ella él era un fenómeno sexual alucinante....una especie de semental incansable, capaz de saciar su lujurioso apetito. Por eso le soportaba. Durante el sexo él permanecía en silencio, no hablaba en absoluto..... ni siquiera del tiro con arco.

Al llegar al piso del arquero la muchacha tuvo una visión ........ imaginándose penetrada mediante el uso del arco..... como si él desmontase su miembro viril, tensando la cuerda del arco y ....disparando con certera puntería hacia la entrada de su vagina expectante y jugosa. Un pene tenso y duro entró suave y rápidamente entre sus labios vaginales..... pero la visión del arquero desarmado le producía risa..... mientras jugaba con el pene dentro mediante contracciones....hasta alcanzar su climax.

El arquero, de pie, sin pene y con el arco en la mano, contemplaba toda la escena con la satisfacción de su buena puntería. Una nueva experiencia para sus cansinas conversaciones.

 

La calle transitada

20051114131904-d15.jpg

La calle era un muestrario de cuerpos femeninos, muchachas y mujeres andando, paseando, charlando sin prisas, otras aceleradas por la urgencia de sus quehaceres cotidianos. Chicas de instituto de regreso a sus casas en pandillas y pequeños grupos. El simple acto de observar nos vuelve selectivos. Sólo nos interesan aquellos cuerpos y rostros que nos dicen algo, aquellos que nuestra química intuye como idóneos para la intimidad.

Entre aquel mujerío destacaba una de unos cuarenta años, atractiva y mirándome fijamente. Di la vuelta y la seguí observando que, de vez en cuando, giraba para ver si seguía sus pasos. Se paró ante el primer portal de una calle lateral. Me miró sonriendo y me invitó a entrar.  Mientras subimos la escalera observé su cuerpo, su trasero marcado por los pantalones ceñidos. En el primer piso abrió la puerta de su casa y una vez dentro soltó el bolso, me miró y acercándose me abrazó. Ante mi sorpresa comenzó a desnudarse y me pidió que la masturbara. No me hice de rogar y manipulé su sexo, acaricié su clítoris. Se tumbó sobre la alfombra y me dejó hacer mientras desabrochaba mi pantalón.

La escena semajaba aquellas urgencias de sexo, de no poder esperar, del orgasmo urgente. Se incorporó y sus labios lamieron mis testículos mientras sus manos frotaban mi pene. Ella se corrió al poco tiempo y siguió manipulando mi miembro. Finalmente lo introdujo en su boca y me corrí.

Me pidió que salira enseguida, sus hijos estaban a punto de llegar: "Olvida lo ocurrido, no volveremos a vernos más", dijo.

Salí de la casa sin reponerme de la sorpresa. Me incorporé al gentío que transitaba la calle observando nuevamente a las féminas y seleccionando aquellas que la química aconseja como buenas amantes.

Los enanos viciosos

20051030013007-blancanieves-jpg

Tongue out Me chiflaría vivir un cuento como ese, pero en lugar de enanos ... ¡¡ enanas!!!  ¡¡ muchas enanas!!.

 Tiene que ser alucinante:  las lascivas enanas a dos manos con mi body, con todo mi body.

 Es una fantasía tonta, pero estoy en mi derecho y no renuncio a fantasear.  Nunca se sabe, a lo mejor tropiezo en la vida con un puñado de ellas....... de enanas viciosas Cool

Senos agresivos

humor-53.jpgNunca llegó a poseerla. Durante sus sesiones de sexo pasaba ratos interminables acariciando y estrujando sus enormes y duros pechos, extasiado por su tamaño, excitado por sus duros pezones que besaba y chupaba....una y otra vez. Llenaba su boca insaciable con aquellos senos, metiendo su cabeza entre ellos. Ella estaba orgullosa de "ellos"...sentíase adorada por su amante a través de sus pechos. Sentada sobre uno de sus muslos frotaba su clítoris, mientras él trabajaba sus enormes tetas. Así conseguía sus orgasmos. Él sentía como su polla crecía manipulada por unas manos expertas.

Aquellas sesiones duraban mucho tiempo, tanto como ella quisiera, tanto como orgasmos deseara tener.

Una vez satisfecha y con la polla crecida entre sus manos, introducía ésta entre sus dos tetas, frotando y estimulando hasta ser regada por el semen.

Siempre era igual, sin cruzar palabra alguna, puro tacto y caricias, besos y lamidas, frotamientos y miradas......eyaculaciones intensas....piel mojada.

La visita urgente

74.jpgMe llamó asustada por los problemas con su pareja. Nos conocíamos solo por teléfono; un programa radiofónico para noctámbulos con problemas fue nuestro punto de contacto. A través de nuestras conversaciones supe de su calvario matrimonial, pero fuí consciente de su desequilibrio emocional. Era una persona insegura, insatisfecha y llena de dudas. Aquel sábado no pensé salir de casa, por lo cual ella estaba dispuesta a presentarse para hablar en directo sobre sus neuras.

Llamaron a la puerta y me encontraba en la ducha. Me puse el albornoz y abrí. Laura me miró con sus ojos grandes, con curiosidad. Era una mujer de mi estatura, bien proporcionada, de unos 29 años, cabello moreno y con cara de asustada, de sorprendida. Nos besamos y empezó a hablar muy nerviosa, contando su pelea de la noche anterior. En ningún momento dejó de hablar, siguiéndome por la casa. Volví a la ducha, me quité el albornoz y Laura, apoyada en la pared del cuarto de baño, no dejaba de mirarme mientras me duché. No me puse el albornoz y caminé escuchándole hacia el dormitorio. En un momento todo fue visto y no visto; se abalanzó sobre mí, me abrazó y comenzó a besar mi cuerpo. Agarró mi sexo y lo miró. Aluciné ante semejante reacción, pero permanecí pasivo dejando hacer a la visitante inesperada. Me tocó por todas partes, pero el sexo mantenía su atención. Comencé a excitarme y sus ojos se abrieron con cara de sorpresa. Sentí la sensación de ser casi violado, manipulado. Laura comenzó a frotar mi polla. Le dije que se desnudara. Su cuerpo era muy atractivo, con grandes pechos, tersos. Un culo perfecto y unas piernas largas, Su sexo con abundante vello negro, muy negro. me senté en la cama invitando a Laura a chupar mi pene. Así lo hizo, gimiendo y mirándome de vez en cuando. Después, casi al borde del orgasmo metió mi polla entre sus grandes pechos y el semen salió con fuerza. Mientras me limpiaba, ella se tumbó de espaldas. Deseaba enseñarme la herida de su ano. Él la tomaba así, a la fuerza, causándole un fuerte dolor ese tipo de práctica sexual. Observé su herida y metí mis dedos en su vagina. Se volvió pidiéndome que la follara. Al ver mi polla casi fláccida comenzó a chuparla de nuevo. Me puse un preservativo, levanté sus piernas e introduje el miembro en su vagina. Entró fuerte y ella lanzó un suspiro de alivio. Estaba como en trance mientras la follé acariciando sus pechos, besándola. El orgasmo tardaba en llegar y follamos lentamente, recreándonos. Nos corrimos a la vez. Ella lanzó un grito de placer al sentir mis gemidos y noté la presión de su sexo sobre el mio. Era una mujer chocante, rara y con muchos problemas. Pensé que la cosa se repetiría esa misma mañana, pero mi sorpresa fue grande al incorporarse repentinamente y comenzar a vestirse. No quiso ducharse, tenía prisa y estaba nerviosa. Sabía que había traicionado a su marido y eso le desquiciaba. Quedé atónito ante su reacción. Me besó, me agradeció el haber satisfecho su deseo y se despidió sin más. Solo falto que me pagara los servicios prestados.

Dos días después sono el teléfono. Era ella. Me contó su presentimiento: su marido estaba vigilandola y ella no quería problemas, pidiéndome que la olvidara para siempre. Olvidarla, lo que se dice olvidarla....no creo que lo consiga, por lo raro del acontecimiento, pero una cosa si es cierta: no la echo de menos para nada. No me gustan las personas tan problemáticas, pero la experiencia fue interesante y el polvo con mamada incluida....gratificante.

El sueño perpetuo

El cigarrillo de despues.jpgSe repite con cierta frecuencia... sueño que refleja tu recuerdo permanente, los momentos vividos, lejanos, añorados. La imagen es la misma en cada sueño; tu cuerpo yaciendo sobre la cama, fumando el cigarrillo después de haber sido follada, despues de haberme follado, contándome siempre tus sensaciones, pensando en continuar las caricias después del cigarrillo, los besos, la felación, la unión de nuestros sexos en una e imaginadas posturas, descubriendo nuevas posibilidades, experimentando el laboratorio que es el cuerpo humano, los goces, las risas, las sorpresas de las caricias, la habilidad de los dedos en su exploración, la danza de tu cuerpo sobre mi falo....... Es como un sueño eterno, perpetuo, algo que nunca termina.

El Cumpleaños de Lucía

400IRIS.jpgLucía recibió un mensaje en su móvil: "dentro de una hora llegaré a Sevilla". Era su cumpleaños. Veintitres años para una muchacha de aspecto más juvenil.

En la estación me recibió con su amplia y bonita sonrisa. Con urgencia de enamorados nos marchamos directamente al hotel. En el camino besé su boca repetidamente mientras ella agarraba mi mano con fuerza. Aprovechando la esquina de un callejón metí mi mano entre su falda tocando sus muslos y llegando a su sexo. Lucía me besó, deslizando su mano dentro del pantalón, intentando llegar a mi pene. Al no poder conseguirlo palpó el bulto y comprobó que estaba erecto. Se excitó y mordió mis labios.

Al entrar en la habitación del hotel tumbé a la muchacha sobre la cama, levante su falda y, quitándole la braga, separé sus piernas metiendo mi cabeza entre sus muslos. Mis labios aprisionaban su clítoris mientras ella se retorcía empujando mi cabeza sobre su sexo. Lengua y labios chuparon y frotaron sin cesar hasta que Lucía lanzó una serie de largos y prolongados gemidos, apretando mi cabeza entre sus muslos.

Desnudos nos observamos en nuestra mútua excitación. Agarró mi polla y comenzó a chupar lentamente, con suavidad. Después llevó el miembro hasta su vagina y follamos lentamente, mirándonos a los ojos. Agarré su bonito culo entre mis manos. Ella cuidaba de que mi cabeza llegara a sus pezones...deseaba lamérselos. La excitación iba en aumento y queríamos alcanzar el orgasmo juntos. Lucía se corría...se corría mientras besaba mi boca con fuerza y gemía. Aquelló bastó para conseguirlo juntos, en un largo orgasmo.

La duché mientras acariciaba su cuerpo con la espuma del gel. Ella sonreía. Se notaba su momento de felicidad. Después me duchó un rato y provocó otra excitación. Con el gel frotó mi polla acariciando mis testículos, hasta conseguir ver mi orgasmo. Le gustaba ver como eyaculaba y mi reacción ante el climax del orgasmo.

Nos depedimos a media mañana. Lucía celebraba su cumpleaños con la familia y los amigos. Había sido mi regalo para sus veintitres bonitos años. Felicidades corazón. Quizá podamos repetirlo el año próximo......me gustaría, lo sabes.

Amor de lesbianas

EROS.jpgOlga me ofreció ir a vivir a su ático durante los meses necesarios. Mi situación económica no me permitía seguir pagando el alquiler de un piso. Olga es lesbiana y una buena amiga desde hace años. Olga es muy joven, rebelde, autónoma y con un corazón inmenso. El aspecto surrealista del ático me gustaba. Casi diáfano, con mucha luz fácil de transformar en semipenumbra, con tabiques formado por vidrieras y sin apenas puertas, un baño enorme y una gran terraza. Me instalé en una habitación, frente a su dormitorio.

Olga tiene una amante con quien comparte días, fines de semana y vacaciones. La amante de Olga es tan joven como ella, formando una pareja que llama la atención por su atractivo.

La convivencia con ella es fácil. Resulta una buena compañera de piso, compartiendo todas las tareas y gastos comunes. Camina descalza por la casa y compartimos el gusto por la desnudez sin falsos pudores. Sé que nunca estuvo con un hombre. Desde niña sintió atracción por personas de su mismo sexo, por lo cual nunca me paso por la cabeza una relación con ella.

Aquel fin de semana apareció Rosa, su amante. Estaba sólo y llamaron a la puerta. Pensé que era Olga y tal como estaba, desnudo por supuesto, abrí. Rosa sabía de mi existencia y con una amplia sonrisa me saludó y besó. Ante mi sorpresa comenzó a reirse. Era preciosa, como Olga, de carácter abierto y extrovertido. Charlamos mientras colocaba su bolsa de viaje en el dormitorio de Olga, comenzó a desnudarse y manteniendo la conversación fue a la ducha. La charla era animada hablando de todo un poco y observando el cuerpo de la muchacha. Rosa se percató de mi excitación ante la visión de su precioso cuerpo. Al pasar junto a mi agarró mi polla y me dijo que era bisexual, que si lo deseaba podía hacer el amor con ella, que hacía tiempo que no se comia una polla y lo deseaba. Pensé en Olga y, como adivinando mis pensamientos, dijo que no me preocupara, Olga le daba total libertad, no había ningún contrato firmado y sabía de sus relaciones esporádicas con algún chico. Sin soltar mi pene me llevó a mi habitación. De rodillas comenzó a frotar el miembro. La polla dentro de su boca notaba las caricias de su lengua. Al percibir la erección total cambió de postura ofreciéndome su bonito culo. "Tómame así, anda...follame así". Parecía querer eludir los besos, solo deseaba ser penetrada. La follé largo rato, conteniendo mi orgasmo, sintiendo los suyos. "Correté ya....correté para que me corra yo al sentir tu leche dentro", dijo. Mi orgasmo le produjo un temblor en su cuerpo, gritó al sentir el semen en su interior. Parecía incansable, no dejaba que sacara el pene....seguía moviendo su trasero rítmicamente y gimiendo. Nos duchamos y me la chupó hasta sentir el semen en su boca. Dijo que era para compensarme por el número de sus corridas.

A solas con Olga comente lo sucedido. Mi amiga sonrió y dándome un beso en la mejilla dijo: "No te preocupes, sé las necesidades de Rosa y no me importa que la compartas conmigo, eres mi mejor amigo y le gustas mucho, me lo ha dicho ella". Era una situación alucinante. Todo el fin de semana con dos cuerpos desnudos ante mi vista, con una excitación que no podía disimular y que ellas percibían. Me gustaba ver como se acariciaban, el cariño que sentían entre ellas.

Aquella noche sentí como hacían el amor. Me incorporé. Desde mi habitación pude observar sus cuerpos abrazados, rodando por la cama, lamiéndose el clítoris, besando sus pechos, introduciendo Rosa un consolador en la vagina de Olga mientras mordía sus pechos. Sin darme cuente me situé en la entrada de su dormitorio y comencé a masturbarme. Olga me miraba mientras su amante manipulaba el consolador. "Ven, ven con nosotras", dijo. Me acerqué a la cama y agarrando el consolador sustituí a Rosa. Deseaba disfrutar del orgasmo de Olga que miraba mi pene goteando semen sobre su muslo. Lo agarró: "mete tu polla dentro". Saqué el consolador y la penetré. Me abrazó y comenzamos a follar. Me gustaba follarla, me gustaba su olor, su manera de sentir. Era la primera vez que se follaba a un hombre. Tuvimos un orgasmo lento....largo. y nos quedamos abrazados, dormidos junto a Rosa que nos besaba a los dos.

Durante el año largo que vivimos juntos, Olga hizo el amor conmigo, igual que Rosa.
Las dos eran realmente bisexuales, pero Olga lo descubrió aquella noche conmigo.

Hola Fátima

masturbacion.jpgRecuerdo tantas cosas de nuestras citas, de nuestras conversaciones sobre el placer y el sexo, tus comentarios de no haber disfrutado en tus pocas relaciones, tu falta de experiencia debida a tu juventud y al egoísmo de aquellos que poseyeron tu cuerpo.
Recuerdo tu cuerpo con aspecto de adolescente. Un cuerpo de mujer muy joven, excitante y lleno de deseo. Recuerdo el momento de la desnudez, tu mirada de asombro, tus abrazos, tu masturbación mientras me duchaba antes de gozar mutuamente. Esa imagen tuya masturbándote quedó grabada en mi recuerdo. Tu urgencia por saciarte y tu confianza total ante mi presencia. Querías aprenderlo todo, me dijiste.
Recuerdo tu postura en la cama, las piernas abiertas, levantadas, con tu mirada anhelante, sonriendo al ofrecerme tu vagina abierta, pidiéndome que lamiera tu clítoris, que estabas a punto de correrte y lo querías así con mi cabeza entre tus muslos. Tus pechos duros por la excitación, los pezones salientes como bocado para mis labios. No soltabas mi polla como queriendo controlar el momento final del placer.
No dejé de mirarte mientras acariciaba tus piernas, me gustaba esa postura de ofrecimiento, de hembra excitada y exigente, de tu insatisfecho deseo juvenil deseoso de nuevas experiencias.
Tus orgasmos eran fuertes, seguidos, con grandes jadeos, gemidos y casi gritos de placer, retorciéndote entre mis brazos y mi cuerpo, aprisionando mi cabeza entre tus piernas, mordiendo mi sexo que llenaba tu boca de semen.
Te gusta ser acariciada. Tu hermoso culo es objeto de mis muchas caricias, masajes, besos y alguna eyaculación al restregar mi pene excitado. Te gusta sentir el semen sobre tu piel y ver mi expresión al correrme. Tus ojos llenos de asombro por cada descubrimiento.
Me gusta cuando haces el amor encima de mi, tus gestos, tus ojos brillantes por la excitación, tu goce al sentirme dentro, el perder tu miedo al dolor de la penetración, al colocar el preservativo, al quitármelo y limpiar el miembro de restos de amor.
Recuerdos y más recuerdos que me producen momentos de gran excitación por lo vivido junto a ti.
Recuerdos de las posturas adoptadas para montarte, de tus risas al tomarte por detrás... decías que sentirte penetrada así te excitaba muchísimo, que tu vagina notaba mucho más dentro la polla.
Tu mirada de sorpresa al montarme encima y sentir tu cara y tus ojos acariciados, besados.....ternura que desconocías, alcanzando el orgasmo con nuestras bocas enlazadas en un profundo y largo beso, mientras tu cuerpo vibraba retorciéndose de placer. Tus orgasmos....tan seguidos y sentidos.
Quizás en algún momento podamos revivir esos recuerdos. No te olvidaré.

Conociendo a Lucía

pearl-2.jpgLas llamadas telefónicas incrementaron su frecuencia. Lucía esperaba cada llamada solicitada por el Messenger, precisaba consultar y comentar el problema que le acontecía en ese momento.
Todo comenzó tiempo atrás, como un juego casual por la red, un contacto en el transcurso de un foro sobre TICs y las coincidencias de charlas imprevistas que, con el tiempo, se convirtieron en habituales, llegando a ser diarias. Aquello marcó el comienzo de una profunda amistad, intercambios de pensamiento, intimidades y complicidad compartida, sinceridad entre dos seres en la distancia. Esa terapia a dos no hacía pensar en un conocimiento real, les bastaba el refugio virtual, les llenaba poder desnudar sus almas sin más compromiso.
A sus veintidós años Lucía estudiaba para hacerse un lugar en el mundo laboral. Luchaba en un mundo de adultos, pero conservando mucho de su espíritu adolescente, juvenil, extrovertido, con su aspecto de chica revoltosa, guerrera. Aspecto que le daba su corta melena, su práctica deportiva, su alegría y carácter sevillano.
Por las fotos intercambiadas él pudo completar los detalles de la joven, uniéndolos a las conversaciones y confesiones mantenidas.
La imagen de Lucía reflejaba una mujer joven de rostro agraciado, ojos azul verdosos muy vivos, frente despejada, sonrisa fácil, gestos simpáticos, muy observadora, pechos que se adivinaban atractivos y una bonita figura en su conjunto.

La diferencia de edad entre ambos no fue impedimento en el desarrollo de su amistad. Aquella situación se convirtió en algo obsesivo para los dos. Eran conscientes de que tarde o temprano necesitarían conocerse, mirarse, traspasar la virtualidad, transformarla en encuentro real. La confianza creada entre ambos era grande, sin falsos pudores al expresar sus sentimientos, sus deseos, sus dudas y esperanzas. Eran capaces de analizar los problemas de la muchacha en largas conversaciones.

Y el momento llegó. Él tuvo que desplazarse a la ciudad por motivos de un congreso sobre aplicaciones informáticas. Lucía demostraba impaciencia y nerviosismo por la proximidad de la fecha, del inevitable encuentro. Él, poseído por los mismos sentimientos, se mostró irritado hasta el día del viaje, el tiempo se le hizo eterno, las horas y los días transcurrieron muy despacio.....demasiado.

Al bajar del Ave divisó la figura de Lucía, su sonrisa al saludarle con la mano. Se abrazaron, era su primer encuentro. Después de besarse se miraron. Era preciosa con su amplia sonrisa y unos ojos que hablaban. Ella no disimuló encontrarse a gusto en su presencia.
Hablaron poco, pero las miradas de complicidad eran constantes. Caminaron hasta el hotel situado frente a la estación. La reserva estaba en orden. Subieron a la habitación.

Lucía deseaba vivir el momento, necesitaba sentirse amada, deseada por él, no importaba la diferencia de edad, conocedora del cariño a recibir, de ser tratada como mujer, de sentir algo desconocido y ansiado, ese afecto desinteresado y clandestino, excitante y embriagador, sin medida del tiempo, sin urgencias ni abandonos tempranos convertidos en insatisfacción. Él sabría dedicarle el tiempo suficiente para el éxtasis total, exploraría su cuerpo y lo gozaría en infinitas caricias, en besos deseados........
Él temía no poder cubrir las expectativas que ella esperaba. Lo habían comentado muchas veces en sus charlas virtuales. Era una mujer muy joven, cargada de ilusión y deseo.
Se besaron. Comenzó a desnudarla acariciando su cuello, descubriendo unos hermosos senos. Ella desabrochó la camisa y acaricio su torso, su espalda. La ansiedad les embargaba. Deseaba verla desnuda, penetrarla, verla sentir. Retrasó en momento bajando el pantalón de la muchacha, su ropa interior, acariciando el vello de su sexo, besando sus muslos. Ella se arrodilló, “ponte de pie”, dijo. Lentamente desabrochó el pantalón bajando el slip, dejando frente a sus ojos un pene erecto. Lo acarició notando como se movía al sentir su mano. Agarró los testículos, duros por la excitación. Deseaba que la penetrara, se correría pronto, lo sabía. Se recostó en una de las camas abriéndose de piernas, mostrando su vagina húmeda. Él se acercó y acariciando el sexo de la muchacha la masturbó despacio mientras agarraba uno de sus pechos. Deseaba ver como se corría, disfrutando de su excitación. Cambió la mano por su lengua lamiendo el clítoris de Lucía, sus labios vaginales mientras los gemidos y respiración de la joven se hacían más intensos, más rápidos. Su cuerpo se movía, su rostro y su mirada se transformaban ante la proximidad del orgasmo. En pleno éxtasis la penetró mientras ella gemía mordiéndose los labios. Lucía le abrazo mientras follaban intensamente, buscando un orgasmo compartido. Sentía lo agradable de tenerle dentro, su polla corriéndose y la sensación del semen mojándola, alcanzando el clímax final........los gemidos, las caricias, los besos prolongados, las lenguas buscándose, las miradas intensas, la intimidad buscada y tanto tiempo deseada. Siguieron abrazados durante varios minutos, no querían deshacer el momento, el contacto. Su vagina se contraía ante la permanencia del pene en su interior. Él notaba esas contracciones que mantenían la dureza del miembro, reanudando el movimiento, intentando follarla de nuevo. Ella lo necesitaba y mantuvo las contracciones, siguiendo el ritmo de él, despacio, sin prisas, con la misma excitación, mirándole a los ojos, penetrándose con la mirada, sintiendo como sus manos agarraban su culo mientras lo acariciaba. Lucía tenía un precioso culo, duro al igual que sus piernas por la práctica deportiva. Sus pechos hermosos y tersos, de endurecidos y salientes pezones excitados y sensibles a los roces de él. Todo este conjunto de sensaciones propició el nuevo orgasmo de Lucía, mientras mantenían la mirada. El observó el momento de su éxtasis, el brillo de sus ojos, la intensidad de su mirada, el temblor de su cuerpo, la prolongación del momento, como si cortos y seguidos orgasmos sacudieran a la preciosa y deseada mujer. Lucía, satisfecha, llena de placer, mantuvo el ritmo y las contracciones de su sexo sensibilizado por los orgasmos, esperando y no queriéndose perder la corrida de su compañero. La eyaculación fue intensa con la polla dolorida y sensibilizada por las contracciones de Lucía. Ella le miraba sorprendida por el aguante de un hombre de su edad, sintiendo la ternura y el deseo que despertaba en él. Abrazados, satisfechos, llenándose de caricias, hasta que el pene fláccido ya salió de la vagina. Lucía se incorporó mirando la polla. Reducida bastante en su tamaño, mojada de flujo vaginal y restos de semen. Acarició el miembro y lo limpió. El quedó dormido, agotado por las sensaciones, por la ansiedad vivida aquellos días de espera, por el momento tan intenso de ambos.
Sentada a su lado, con las piernas cruzadas, Lucía le miró mientras dormía. Con él se sentía segura, podía ser ella misma, mostrarse desnuda sin falso pudor. Era su amigo, su consejero, su confesor ante las dudas y problemas que le asaltaban. Conocía los detalles de su vida. Levantándose fue a la ducha manteniendo su estado de excitación. Contemplar su cuerpo desnudo, dormido, era agradable. Aquello era una incógnita, no sabía cómo terminarían sus relaciones....pero viviría el momento y los futuros encuentros, eso no lo dudaba.
Al despertar Lucía estaba frente a sus ojos, mirándole con su bonita y simpática sonrisa. Fue al baño y se duchó delante de ella. “Me gustaría tener otro orgasmo, ¿te sientes capaz?” preguntó la muchacha. Pensó en masturbarla de nuevo, pero ella deseaba otra penetración y necesitaba más tiempo para recuperarse. Una vez en la cama le propuso hacer un sesenta y nueve. Ella asintió, quería experimentarlo.
Sus bocas recibieron unos sexos sensibles por los goces anteriores, pero esto hacía más agradable el momento, explorando los puntos de excitación. Lucía mostraba un clítoris de fácil excitación y una vagina receptiva a los roces de la lengua. El pene sentía los labios de la muchacha, su lengua en el glande, sus chupadas, las caricias en los testículos duros de nuevo. Lucía presintió la eyaculación al comprobar el crecimiento final de la polla, frotándola mientras su lengua lamía el glande. El semen salió de golpe sobre sus labios y Lucía cerró sus muslos sobre él en un fuerte orgasmo mantenido.....largo.

Juntos en la ducha, él pensó en hacerla disfrutar los cuatro días que pasarían juntos. A la mañana siguiente comenzaba el congreso.......antes de ir al mismo, al levantarse la tomaría por detrás....quería disfrutar de su precioso culo, hacerla sentir nuevas sensaciones. Disfrutar el momento.......eso era lo importante para los dos, pensó, el futuro tenía la última palabra y ellos la decisión de mantener su bonita e intensa amistad.

Las tetas de mamá

nino-2.jpgEntre mis primeros recuerdos de infancia se encuentran un par de tetas bien puestas y llenas de alimento: las tetas de mi mamá. Estrujadas, succionadas una y mil veces por un mamón hambriento como yo. Fueron las primeras que vi y toqué durante un largo periodo de lactancia, las que marcaron la referencia para posteriores comparaciones.
Las tetas tienen ese poder atávico de atracción, de alimento de vida, de mágica maternidad, que se pierde en la noche de los tiempos. El bebé no está dispuesto a compartir con nadie las tetas de su madre, considerándose el tutor y único iniciado con acceso a ellas. Pero el tiempo transcurre y el mamón deja de tener, poco a poco, derecho de mamada perpetua. El cambio de la teta por la cuchara es traumatizante, eso lo saben todos los bebés del mundo. No es fácil abandonar el toque de algo suave, acogedor y que, además, alimenta.
Pero mi vida está llena de tetas. Las de mis primas, aquellas tetas nacientes, primerizas, tantas veces vistas a la hora del baño. Las de Esperanza, la hermana de mi amigo Joaquín, vistas desde la penumbra de su dormitorio, excitantes en nuestra edad adolescente. Tetas de diferentes formas y tamaños que, en mi juventud y después, dieron y recibieron tanto placer.
Recuerdos de tetas enormes entre las cuales te perdías, hospitalarias con mi pene al que frotaban, acariciaban dulcemente, regándose de semen. Tetas juveniles, de buen tamaño, que buscaban las manos, la lengua y la boca, de pezones endurecidos rebosando deseo. Tetas con forma de pera, de mujeres con pechos adolescentes, sensibles a los besos. Tetas pequeñas y excitantes, casi de niña, buscando el placer de sentirse besadas y acariciadas. Tetas languidas, caídas, como sin fuerza, de mujer madura, reclamando atención, placer y buscando la polla que vomite en ellas el licor deseado.
Tetas impúdicas que se muestran agresivas, tetas sin atractivo que pasan sin pena ni gloria por las manos del amante. Tetas de las playas con sus múltiples variedades, en exposición, desfilando por los ojos del deseo, comparando, intuyendo su comportamiento en el sexo. Tetas en las camillas de masaje, agradecidas de la mirada y de la descarga de tensión. Tetas que no me canso de mirar, observar, apreciar, catalogar. Tetas.......

Pero ninguna como las tetas de la madre, esas que hacen escuela, las más queridas y apreciadas......nuestro primer placer.

La masajista y mi ansiedad - y V

revista-20041216-05.jpgLa masajista y mi ansiedad V

A la tarde siguiente llamé a casa de María. Su madre contestó a la llamada. María no estaba, no regresaría hasta la media noche del hospital. Lucía estuvo toda la mañana con su sobrina debido al trabajo de su nuera (la mujer de su hijo fallecido). Noté sus deseos de hablar. “Lucía, ¿te apetece que vaya a tu casa y estemos juntos unas horas?”. Quedó sorprendida y sin contestar unos segundos....”Si, me parece bien.... vamos.... si te apetece que nos veamos”, contestó.
En media hora llegué a la casa. Lucía me recibió con un vestido de gasa, muy transparente, sin sujetador y con un tanga que se transparentaba bajo el vestido dejando ver sus formas. “¿Vistes así normalmente?”, pregunté. Riéndose dijo que no, lo hacía para ver mi reacción. Y la vio. Abracé a Lucía y besé sus labios enlazando nuestras bocas hasta que nos faltó la respiración. Estaba sorprendida y no supo que hacer. La desnudé ante su pasividad, bajé el tanga y agarrando su sexo la fui llevando hacia el sofá de la habitación. Turbada contempló como me desnudaba. Arrodillado exploré su sexo. Tenía el clítoris saliente y muy excitado. Jugué con el entre mis labios y mi lengua mientras Lucía gemía moviendo su pelvis, estaba corriéndose. Agarró mi cabeza y empujó hacia su vagina. Metí la lengua y soltó un grito de placer. Mi sexo no estaba erecto, quería que lo pusiera ella. Se lo dije y con sus manos empezó a manipularlo. Esa mujer no tenía mucha experiencia, a pesar de su edad y de tantos años de matrimonio fue siempre una mujer violada y que solo experimentó orgasmos masturbándose. Lo hacía en el baño, después de que el marido la follara y durmiera satisfecho. “Lucía, tienes que dejar de reprimirte, libérate, se tú misma, sin complejos..... hazme lo que quieras. Toca donde te apetezca..... disfruta del momento”. Quería chuparme la polla, dijo. Le dejé hacer..... empezó con los labios y metió el pene en su boca. Le indiqué que usara la lengua, que todo se podía hacer con los labios, lengua y boca.... a lo largo del pene y los testículos. Miró el sexo ya erecto al máximo y prosiguió pasando la lengua. “Nunca he visto como se corre un hombre”, dijo. “Masajea suavemente mis testículo y lo verás”, contesté. Mientras ella lo hacía comencé a masturbarme despacio ante sus ojos. Lucía no perdió detalle del momento. Notó como mis testículos se endurecían y vio salir el chorro de semen sobre su cara. Mis gemidos de placer le sorprendieron. En su baño limpió mi pene. Seguía saliendo semen. Lavó su cara y nos recostamos en la cama. Acaricié su cuerpo. Estaba excitada y necesitaba un orgasmo. Separé sus piernas y elevé sus glúteos a la altura del pene. Penetré a Lucía despacio, mirándole a los ojos. Follamos largo rato, de forma relajada, acariciándonos mutuamente. Lucía no se reprimió, por primera vez en su vida era ella misma en el sexo. Sus orgasmos eran largos, ruidosos, con gemidos intensos, casi gritando de placer. Se corrió tres veces. Conseguí eyacular en el último de sus orgasmos.

Nos duchamos. Lucía quería saber mi opinión sobre su hija. Le conté toda la verdad. Para ella no tenía importancia que estuviera follándome a María, lo entendía y comprendía perfectamente a su hija. Tuvo un gran fracaso amoroso y decidió no compartir su vida con nadie, por eso buscaba una amistad, una relación de sexo pero sin compromiso ni contrato. María era feliz así, compartiendo algunos momentos de afectividad e intimidad conmigo, sin importarle el saber que nada es para toda la vida, que lo nuestro tendría un final.
Lucía sintió algo desde la primera vez que me vio y no le importaba lo más mínimo compartirme con su hija.
Decidimos tener otro orgasmo antes de despedirme por aquel día. La mujer nunca practicó la postura del 69 y estaba deseando probarla. No quiso que me pusiera preservativo a pesar de mi advertencia, quería experimentarlo plenamente. Una vez adoptada la posición y comenzamos a excitarnos mutuamente con caricias en las piernas, besos, mordiéndonos los glúteos, las lenguas en los sexos, las piernas de Lucía abiertas, levantadas, ofreciendo sus labios y su clítoris saliente ardiendo en deseo, mi polla en tensión sobre sus pechos, sus manos agarrándola, su boca recibiéndola, retorciéndose en el primer orgasmo y aprisionando mi cabeza entre sus muslos, chupando y jugando con su lengua la polla y los testículos, moviendo su cabeza como invitando a follarla y mi cuerpo respondiendo a la invitación. La follé en la boca durante varios minutos, manteniendo el ritmo hasta un momento antes de eyacular. Lucía vivía el sexo intensamente. En eso nos parecíamos. Durante el año y medio que duró mi relación con ellas, Lucía recuperó el tiempo perdido, la falta de goce de su juventud. El orgasmo se aproximaba, me dolía el pene, aumenté el ritmo y Lucía recibió el chorro de semen en su garganta, gimiendo y retorciéndose en su segundo orgasmo con mi cabeza entre sus piernas. Repetimos esta posición muchas veces, le entusiasmaba hacerlo así.
Esta historia es real. De ella nació una bonita amistad con madre e hija, pero el tiempo se encargó de enfriarla. No he vuelto a saber nada de ellas desde mi salida de Madrid, preferí no tener contacto ante el cambió que experimentó mi vida. Después viví otras historias, una de ellas con mucho sufrimiento y desengaño que me llevo al borde del suicidio, pero eso es .......otra historia más de mi vida.
12/05/2005 00:08 Enlace permanente. FANTASIAS ANIMADAS No hay comentarios. Comentar.

El paleto y la puta

sheila-2 ANUNCIO.jpgBernardo vivía en un pueblo de la sierra, un lugar pequeño y con pocos habitantes, distante de la capital unos 150 km. Bernardo estaba de novio con la Emilia hacía cuatro años y les quedaban tres semanas escasas para contraer matrimonio. Bernardo no se había comido una rosca en su vida y la Emilia, muy decente ella siguiendo la tradición familiar y lugareña, le tenía dicho una y mil veces que hasta la noche de bodas no probaría su “coñito”. La cosa era mucho peor de lo que parece; la Emilia jamás metió mano al Bernardo, “esas cosas no se tocan, pues dice mi abuela que me puedo quedar preñá”. En una palabra, Bernardo lo tenía claro, no probaría la rosca hasta la noche de bodas, pero le preocupaba no tener ninguna experiencia en la materia, ¿qué tenía que hacer, cómo se desvirga a una tía, qué pasa si no puedo?. Dudas existenciales de un chico de pueblo perdido en las altas cumbres, capaces de traumatizarle de por vida. Tan sólo una vez la Emilia le mostró una teta, la más vistosa de las dos: “esto se mira, pero no se toca”, dijo la muy estrecha. Bernardo estaba salido permanentemente ante la visión de la Emilia, de abundante pecho y gran culo, en una palabra....Bernardo tenía gusto de camionero (mejorando lo presente, por si lo lee algún camionero, claro). En el pueblo, como en casi todos los pueblos, una de las chicas era la más alegre del lugar, la descarada, la guarra, la que se había tirado medio pueblo, como decían las brujas del lugar en sus comentarios grupales mientras bordaban y bordaban y .... ajuares por doquier. Pero Bernardo no había sido admitido en el exclusivo club de folladores elegidos por la guarra, limitándose a mirar cuando algunos de sus amigos se follaba a la susodicha libertina, terminando su ración de vista con una polla de enormes dimensiones que requería una paja maestra, labor artesanal que repetía al acostarse en su cama. Los únicos seres vivos que Bernardo había contemplado en su vida, completamente desnudos, eran los animales del corral, vacas incluidas. ¡Ah, me olvidaba!.....y la teta derecha de la Emilia.
El chavalote tomó una drástica decisión; pagaría los servicios de una profesional para adquirir la formación necesaria en el tema de la jodienda. Ni corto ni perezoso fue a la cantina del pueblo, agarró el periódico de la provincia y buscó directamente en las páginas de anuncios. “Sheila-Lindísima, irresistible......”, esa era la más adecuada, una tía con formación y cultivada. Llamó desde la cabina de la plaza y una voz susurrante de mujer pantera le puso más caliente que la panza de una olla. Una vez concertada la cita y más contento que unas castañuelas, sacó billete en el autobús de línea para el día siguiente.
Bernardo durmió mal, muy mal aquella noche. Las pesadillas le acosaban, montones de mujeres con grandes pechos y espesos coños le asediaban y no daba más de sí, todas querían amarle, todas querían su cuerpo de mozo en celo. Despertó sobre un charco de semen en la cama y el cipote más duro que el cerrojo de un penal.
Aquella mañana histórica en la vida de Bernardo, apareció en la ciudad, con su pinta de pueblerino desgarbado, buscando la calle y el piso de la profesional. Una vez ante la puerta de la vivienda, todo nervioso y sudoroso, llamó.
La puerta se abrió despacio....muy despacio, apareciendo frente a él la tal Sheila que retrocedió varios pasos lentamente, adoptando una postura de jovencita inocente y risueña. Pelo caoba, ojos muy pintados, labios rojo intenso, una camiseta superceñida-del-tamaño-de-un-pañuelo-con-amplio-escote-y-enormes-tetas-asomando, cinturón ancho y un trocito de tela debajo como falda, los bordes de un tanga rojo asomando y unas botas horteras rematando la vestimenta, de edad indeterminada, quizá 28 o 29 años. Resumiendo: con una pinta de puta que tiraba de espaldas. Bernardo con ojos de carnero degollado y algo creciendo desmesuradamente debajo del pantalón, creía encontrarse ante un ángel celestial. La joven caminó hacia él contoneándose y poniendo boquita de piñón le propinó un beso en la boca. “¡Hola cariño!, dijo agarrando el paquete del Bernardo, “¡te voy a comer entero, mi vida!”, continuó, mientras el cipote crecía increíblemente y Bernardo, con cara de gilipollas, notaba que se estaba corriendo. Sheila, nada más divisar al chaval, comprendió que en sus manos había caído un autentico pardillo. Al sentir en su mano la humedad del pantalón, haciendo gestos lascivos con la lengua, comenzó a canturrear la canción de Sabina.... esa que dice: “ya...ya eyaculé... ¿ya?....”. Sin soltar el paquete llevó a Bernardo al dormitorio, le despelotó, limpio su polla de semen y con sus enormes pechos le masturbó. Bernardo, sin reaccionar, vio desnudarse a Sheila y su polla creció de nuevo ante el exuberante cuerpo de la mujer. Le abrazó y le tumbó en la cama montándole y agarrando la polla del inexperto Bernardo.... se lo folló largo tiempo. Sheila estaba harta de que la follaran y decidió aprovechar la oportunidad de un tío virgen. Bernardo alucinaba ante los gemidos y gritos de ella: “¡cariño que polla tienes, no baja de tamaño.... te follaría toda la mañana, cachonda me pones...!”. Las corridas de Sheila eran espectaculares y el chavalote con cara de primo sonreía hasta que se corrió con las tetas agarradas entre sus manos. Sheila se desplomó en la cama dando grandes suspiros, había gozado como nunca con una polla virgen y dura que se mantenía sin problemas. Le llevó a la ducha y ante la sorpresa de él lavo su sexo y le puso otra vez a tono. “¿Nunca te han hecho una mamada, mi vida?, pues Sheila te la hará y se beberá tu lechecita dulce y espesa...verás como te gusta cielito”. Sentado en el borde de la bañera Bernardo sentía que le transportaban al séptimo cielo, con cara de pasmado contempló como Sheila lamía, chupaba y estrujaba su polla en la boca, dándose gusto ella en el clítoris con la otra mano. Bernardo sintió un enorme orgasmo y Sheila seguía chupando como una posesa mientras se corría. La joven recogía la leche de los bordes de la polla con su lengua y Bernardo volvió a correrse de nuevo. Aquello era demasiado para el chavalote, jamás en su vida pudo imaginarse una cosa así, cuando lo contara en el pueblo los amigos le envidiarían, esas cosas no las hacía la guarra.... ni mucho menos. “Bueno pichón... que leche más rica tienes, ¿te gustó la mamada, verdad?, pues ahora me vas a follar tú, pero como yo diga, ¿vale, mi vida?”. Bernardo asintió, estaba allí para aprender y no pensaba contradecir a la profesional.
Después de lavarse mutuamente, cosa que a Bernardo le fascinó (ya lavaría a la Emilia pa que se enterara), regresaron a la cama.
Sheila deseaba que la tomase por detrás y el pardillo con su polla empinada observo un culo impresionante con dos agujeros de uso permanente. “¿Por donde?”, preguntó el cretino. “Pues verás, cielito, puedes meterla por el que más te guste.....pero si te parece prueba primero por el ano....me chifla”. Bernardo agarró su enorme verga y apuntó al lugar indicado empujando ante la dificultad del lugar. El pene entró y Bernardo aguantó los retrocesos de Sheila hasta que consiguió un par de orgasmos escandalosos. “Sácala y fóllame por el coño, cariño”. Así lo hizo, penetrándola a placer y excitado a tope. Bernardo, el inexperto, hizo feliz a Sheila, la puta experimentada. Ambos tuvieron su largo y escandaloso orgasmo final. Ahora estaba preparado para disfrutar del enorme culo de la Emilia, pensó.
Una vez duchado y vestido, Bernardo pagó a la puta por sus clases magistrales y ésta le hizo un precio especial por el placer recibido, por el gustazo de haberse tirado a un tío virgen. Salió a la calle y caminó a la estación de autobuses. Ahora se iba a enterar la Emilia de lo que era un hombre con experiencia, no dejaría de practicar nada con su Emilia, pero ignoraba algo vital: su Emilia se la estaba pegando con un primo del pueblo vecino. Y pensaba seguir pegándosela. Cosas de los pueblos perdidos en las altas cumbres.

Y Dios me hizo mujer

2005-01-19.jpgY Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

Gioconda Belly (Poetisa Nicaragüense)

null

El encanto de Córdoba

foto-ech-mario.jpgQuedamos citados por internet. Al llegar a la ciudad llame a María por el móvil y nos encontramos en la cafetería situada frente al hotel. Ambos estábamos algo nerviosos, era nuestro primer encuentro, éramos dos desconocidos físicamente hablando. Sólo las fotos enviadas por la red nos permitían conocer algo de cada uno, pero su aspecto me agradó, su juventud era manifiesta, igual que su bonito rostro y su sonrisa. Rubia, ojos alegres que entristecían ante los problemas que le invadían a veces, pechos no muy grandes pero bonitos, un hermoso culo que marcaban sus pantalones vaqueros, de estatura media. Vestía muy juvenil y desenfadada. Nos besamos y comentó que le gustaba mi aspecto. Tomé un café, ella un refresco. Charlamos un rato sobre nuestros contactos en la red. Ella estaba decidida a que intimásemos durante ese fin de semana.
Entré en el hotel mientras María esperaba mi llamada en la cafetería. En recepción confirmé la reserva de habitación, me entregaron la llave, la 307. Subí y revisé que todo estuviera en orden. No había personal de servicio en los pasillos y la puerta pillaba cerca del ascensor. Era una estancia coqueta, con un buen baño y un gran ventanal que daba a la calle de la cafetería. Observé a María sentada en la mesa donde terminaba su refresco. Me desnudé, hacía calor y quería recibirla así. Mandé un mensaje por el móvil indicándole el número de habitación y la planta. María leyó el mensaje y salió de la cafetería. Cruzó la calle y entró en el hotel. A los pocos minutos sentí unos golpes ligeros en la puerta. Era María; su cara expresó sorpresa al encontrarme desnudo y rió mirándome: “¡¡Estás muy bien, pero que muy bien!!, no creí que un tío de tu edad estuviera tan bueno”. La diferencia de edad era grande, pero no fue obstáculo en nuestra amistad. Nos abrazamos en un largo y profundo beso mientras ella acariciaba mi espalda y mi culo. Comenzó a desnudarse y mostró sus bonitos pechos. Los metí en mi boca, chupando sus pezones con suavidad. Se retorcía de gusto y suspiraba profundamente. Desabroché sus pantalones y los bajé lentamente, descubriendo su vientre, su pelvis, sus piernas. Bajé el tanga y su vello me excitó. Lo besé. Se dio la vuelta y contemplé su culo, hermoso. Lo agarré y acaricié largamente, besando y mordiendo sus nalgas. Ella se mostraba divertidamente excitada. Me incorporé y entonces comenzó ella a revisar mi cuerpo. Era excitante ser acariciado, disfrutaba haciéndolo. Agarró mi pene y lo observo con curiosidad, después masajeó mis testículos, consiguiendo que la erección se acelerase. Besó mi polla y pasó su lengua por toda ella, lamiendo sin parar, metiendo los testículos en su boca. Era como una adoración, un culto al falo lo que realizaba la muchacha. Le fascinaban las pollas duras, dijo. Comenzó a masturbarme con su mano mientras su lengua lamía el capullo. Aquella reacción no la esperaba, pensé que no se mostraría tan decidida en nuestro primer encuentro, pero comprendí que María deseaba disfrutar a su manera, con total libertad, observando la reacción de un hombre maduro. Cuando estaba al borde del orgasmo metió la polla en su boca. Con sus movimientos imitaba que la estaba follando. Sacó el pene al sentir que el semen en su boca, el resto salpico su cuello.
Nos duchamos en un abrazo de mil posturas diferentes bajo el chorro de agua, en una excitación que nos envolvía en deseo mutuo, mordiéndonos los labios, hundiendo nuestras lenguas en las bocas, agarrando nuestros sexos, sintiendo los orgasmos de María ente al roce incesante de mis muslos en el clítoris, mordiendo sus excitados pezones, sus uñas sobre mi espalda y mis nalgas, oliendo su sexo mojado, lamiendo sus labios vaginales, mi polla entre sus manos, mis testículos y su lengua insaciable, nuestras miradas ardiendo en deseo como animales enloquecidos y en celo, el ruido del agua cayendo sobre nuestros cuerpos sentidos, el mundo inexistente a nuestro alrededor, el ardiente deseo de penetrarla, su voz susurrando “¡fóllame, fóllame...!!”, María tumbada en la amplia bañera, sus piernas abiertas, levantadas, llevando en sus manos mi polla hacia su vagina, el calor ardiente de su interior, sus gemidos y su movimiento, el sexo en puro éxtasis, el chorro de semen y su orgasmo al sentirlo, nuestros ojos penetrándose...... la unión consumada.
Recordamos nuestras conversaciones en el Messenger.... nuestros deseos compartidos, nuestras experiencias sexuales, nuestros desengaños, los abusos que ella sufrió por algunos indeseables y su pasión por sentirse deseada. Recostados en una de las camas charlamos un buen rato, ella quería más sexo y yo necesitaba recuperarme para poder saciarla. Mientras hablábamos María acariciaba mi cuerpo. Llegó un momento en que la erección comenzó a producirse de nuevo. Sabía como ponerme en condiciones y lo consiguió. Desde que la vi sentía deseos de tomarla por detrás, tener su hermoso culo a la vista. Se rió al oírme decirlo, la idea le gustó.
María miró el pene erecto satisfecha y adoptó la postura requerida para la penetración. Su fresca y juvenil vagina, su culo excitante, mi penetración suave, despacio, mis manos agarrando sus glúteos y nuestro acompasado movimiento, disfrutando al unísono mientras María gemía sin cesar, intentando alargar el momento para conseguir agotarla. Llegó su primer orgasmo con sus gemidos intensos y su grito final de hembra en celo. Mi polla mantuvo el ritmo intentando que llegara a un segundo orgasmo, agarrando sus pechos, acariciando su espalda, alcanzando su clítoris por debajo con mis dedos. El movimiento de su cuerpo, de su culo, me excitaba y pensé no poder aguantar más sin correrme, pero el éxtasis final lo conseguimos juntos, en un largo y profundo orgasmo, cayendo rendidos sobre el lecho. María me besó con pasión y lamió mi sexo fláccido ya y sensibilizado por tanto goce.
Así transcurrió nuestro primer fin de semana juntos, con la cuidad de Córdoba como telón de fondo, una ciudad de agradables recuerdos fortuitos y clandestinos de años pasados...... pero eso es otra historia.
11/05/2005 17:53 Enlace permanente. FANTASIAS ANIMADAS No hay comentarios. Comentar.

La vecina de al lado

040217_sexylady_red.gifTomaba el sol de la mañana ignorando que era observada por mí. La persiana lateral permitía ver su terraza y su hermoso cuerpo desnudo tumbado encima de una toalla. Cuando se incorporaba era todo un espectáculo contemplar aquel cuerpo. Alta, bien proporcionada, con un buen pecho, ni grande ni pequeño, terso con dos preciosos pezones siempre duros y salientes, piernas perfectas y un culo saliente, apetitoso. Vientre liso con un sexo arreglado pero con el suficiente vello que excitaba al verlo. Pelo negro, ojos del mismo color, facciones serenas y agradables. Se llamaba Alicia y vivía con su madre y una hermana adolescente, de unos 14 o 15 años. Alicia tendría unos 24 o 25 y trabajaba en casa, trabajo de ordenador, lo que le permitía un horario flexible. La madre salía temprano al trabajo y la hermana al colegio, por lo cual aprovechaba para tomar el sol desnuda antes de ponerse a trabajar. Los sábados le acompañaba su hermana, por lo tanto un servidor disponía de ración doble de vista, ya que la hermanita tenía un cuerpo que prometía, bonita y tierna, pero muy completa.
Una de mis muchas mañanas libres decidí tomar la iniciativa. Madrugué y, anticipándome a la vecina, subí la persiana lateral, coloqué una toalla y me tumbé en la terraza a tomar una ración de sol matutino. Boca abajo y con la puerta de la terraza abierta, podía ver en el cristal el reflejo de la otra terraza. Eso significaba que si ella se asomaba podría divisarla perfectamente.
A los pocos minutos Alicia hizo su aparición, desnuda y con la toalla en la mano se sorprendió al ver mi persiana subida. Se arrimó al borde lateral y me observó largo rato en silencio. Por el cristal pude ver el reflejo de su torso, sus pechos. Hice ademán de volverme y entonces me saludó con un “Buenos días.... ¿hace calor, verdad?”. Sin dar importancia a la situación contesté a su saludo. Seguía observándome, recorriendo mi cuerpo con su mirada. Me incorporé acercándome al borde junto a ella. Charlamos un rato y terminó invitándome a desayunar: “¿Por qué no pasas y desayunamos juntos?, no hace falta que te vistas, así estamos más cómodos”. Daba la impresión de ser una chica bastante solitaria, con poca gente a su alrededor y ganas de comunicarse. Me sorprendía la necesidad de compañía de Alicia, no era lógico en una muchacha de su hermosura y belleza encontrarse tan sola. Nuestras viviendas estaban contiguas, por lo cual no era mucho problema asomarme al rellano de la escalera. Podía controlar si pasaba alguien de la vecindad. Salí a la entrada de mi piso y ella tenía su puerta entreabierta, podía ver su figura. Hubiera sido más fácil saltar por el lateral de la terraza... un simple muro servía de separación. Fui tras ella hasta la cocina, contemplando su figura al andar, su bonito trasero que comenzaba a excitarme. Puso el tostador y preparó café mientras hablaba sin parar, bastante nerviosa y excitada. Observó mi pene. Estaba muy excitado con una fuerte erección. Tomando un spray de nata en una mano y el tarro de mermelada en la otra, mientras sus ojos no dejaban de mirar mi polla, dijo: “No sé si probarla con nata o con mermelada”, “eso lo dejo al gusto de la consumidora”, contesté. Se arrodilló y un chorro de nata cubrió parte del miembro. Chupó y lamió hasta dejarlo limpio de nata. Después con sus dedos cubrió el falo de mermelada, volviendo a chupar y lamer sin parar mientras gemía. Aquello provocó una fuerte eyaculación, cubriendo su boca y labios de mermelada mezclada con esperma. Seguía chupando sin saciarse. Hice que se incorporara y empujando su cabeza la tumbé sobre la mesa, dejando al descubierto su precioso trasero. Separó sus piernas y tuve a mi alcance su culo y su vagina abierta y húmeda. Mi polla entró suave en la vagina y la follé hasta que comenzó a gritar de placer. No conseguía correrme y no cesé de follarla. Al alcanzar mi orgasmo ella se corrió de nuevo. Necesitaba más, me dijo, no estaba saciada y necesitaba más. Hacía mucho tiempo que no tenía sexo con nadie. Tuvo pareja desde los 18 a los 21, pero aquello terminó mal y no quería relaciones formales con nadie, estaba desengañada. Me confesé que, con bastante frecuencia, me observaba mientras paseaba desnudo por mi piso, incluso de noche, en verano, mirando por la persiana de mi terraza. Eso le excitaba y podía masturbarse sin problemas. “Me ocurre lo mismo contigo”, contesté, “incluso os veo los fines de semana”, “¿A mi hermana.... has visto a mi hermana también?”, respondí que si. “Menos mal que ella no sabe nada... y ¿qué te parece ella?”, “Es bonita y será una chica preciosa”, contesté.
Nos metimos en la ducha enjabonándonos mutuamente. Era agradable ese repaso de anatomía en directo, observando cada detalle de nuestros cuerpos, acariciando, deteniéndose en las zonas más sensibles, manteniendo el deseo en una excitación constante.
Una vez en la terraza Alicia colocó más toallas. Nuestros cuerpos abrazados, enredados de besos y caricias rodaron en una y mil posturas diferentes, consiguiendo una serie de orgasmos en Alicia con mis labios, mis manos, mis dedos, mi falo recorriendo toda la geografía de su cuerpo. Estaba extenuada, llena de semen y saliva, cubierta de besos y caricias.... estaba satisfecha.
La mañana había pasado sin darnos cuenta. Salté el muro de la terraza y la dejé dormida, profundamente dormida y saciada, soñando con los ángeles del sexo. Alicia se sintió feliz en su soledad, sabiendo que ahora no estaba tan sola. Ya tenía con quien desayunar.

EL PROBADOR

040717_capoute.gifEntré en la tienda, un local grande con ropa de ambos sexos. Había localizado unos pantalones de verano que me gustaban y quise probármelos. La dependienta, una chica muy joven me mostró unos cuantos de mi talla y una camisa de tejido fresco, indicándome el camino de los probadores. Al final del pasillo estaba uno libre, bueno estaban la mayoría, pero no llevaba ropa interior y preferí el último. La muchacha se quedó en el pasillo, enfrente del probador. Me desnudé. La cortinilla del probador estaba semi abierta y por el espejo pude ver a la joven observando sin ningún pudor mi desnudez. Aquella situación provocó una excitación en mi sexo y el miembro comenzó a adquirir tamaño. Me di la vuelta, poniéndome de frente a la cortinilla. La dependiente miró mi polla tiesa, a punto de caramelo. Metió una de sus manos por su minifalda y comenzó a acariciarse el clítoris. En su rostro se notaba la excitación. Yo, impasible continué delante de ella. Le indiqué que se acercara. Llevé su mano a mi polla, la agarró y frotó suavemente mientras el chorro de semen saltaba sobre su blusa. Se arrodilló y metió la polla en su boca. Me corrí de nuevo. Después, incorporándose salió del pasillo de probadores a toda prisa. En el probador de enfrente una mujer de unos 50 años nos estuvo observando por la abertura de la cortina. Mirándome sin parar mientras trataba de limpiar el resto de semen son un clinex. Mi polla seguía dura, sonreí y me masturbé delante de ella. La mujer cruzó sus muslos, estaba excitada. Terminé corriéndome de nuevo. Me vestí deprisa y fui a su probador: “Deseo follar con vd.”, ella sorprendida me indicó que le esperase a la salida de a tienda. En la caja me atendió la dependienta del probador. Pagué la compra de los pantalones con la visa. Mientras ella pasaba la tarjeta anoté en un pequeño papel mi dirección y teléfono. La dependienta metió el trozo de papel en el bolsillo de su falda. Salí de la tienda. Todo había sucedido muy deprisa, furtivamente.
En la entrada esperé a la mujer del probador. Salió a los pocos minutos. Caminamos por la acera sin cruzar palabra. Llegamos al portal de mi apartamento, abrí la puerta y le invité a pasar. Me miró ante la duda de usar el ascensor o la escalera de subida. Con la mano le indiqué la escalera. Detrás de ella pude observar su hermoso trasero. Metí la mano por la abertura de su falda y toqué sus muslos, ella se volvió sonriendo y parándose en el rellano permitió que mi mano alcanzase su sexo. Estaba húmedo. Llegamos al piso, entramos en el apartamento y comencé a desnudarla. Ella se mostraba pasiva.
Nos metimos en la ducha. Su cuerpo era el de una mujer rellenita pero de bonitas formas, no muy alta y con pechos de tamaño medio. Su sexo muy poblado de fácil excitación. Su culo invitaba a tomarla por detrás, sus piernas estaban bien moldeadas. Era una mujer perfecta para disfrutar del sexo, insatisfecha según me contó después, harta de matrimonio y de hijos.
Una vez en la cama levanté sus piernas sobre mis hombros, dejando al descubierto una jugosa vagina que invitaba a la penetración. Entré a fondo y follé durante largo rato. Ella dejaba hacer, moviendo rítmicamente su pelvis, corriéndose una y otra vez, saciando su insatisfecho deseo. Era una mujer multiorgásmica. Se agarraba los pechos, mordía sus labios y gemía sin parar. Mis tres orgasmos anteriores retrasaron este último. Me corrí en uno de sus orgasmos y seguí follándola hasta que la polla comenzó a ponerse algo fláccida.
Ella miró el pene y lo limpió. Después se lo metió en la boca, intentando ponerlo duro otra vez. Era agradable su forma de hacer, pero yo no estaba para más polvos. Charlamos un buen rato, de todo un poco. Vivía cerca, en el mismo barrio. Anotamos nuestros teléfonos y quedamos en llamarnos para el fin de semana. Ella lo solía pasar sola. Su marido por el puto fútbol y sus hijos por las acampadas con los amigos. El día no había terminado y las sorpresas seguían........
A las nueve de la tarde sonó el teléfono. Era la dependienta de la tienda de ropa, quería saber si podía venir a mi apartamento. Me comentó que estaba muy excitada y no podía masturbarse en la tienda, tampoco deseaba esperar a llegar a su casa, algo lejos, por lo cual decidimos vernos en la mía. En menos de diez minutos llamó al portal. No estaba vestido, me sentía cómodo y así la recibí ante su cara de sorpresa. Estaba nerviosa, muy excitada. Se notaba en su expresión y en sus ojos verdes. Me contó que necesitaba follar, que hacía mucho tiempo que no sentía una polla dentro y lo necesitaba, que no tenía con quien hacerlo, que su novio la engañaba con una amiga y lo habían dejado, que....... rompió a llorar. Era de aspecto frágil, de pequeña estatura, parecía una adolescente y no tendría más de 18 o 19 años. Delgada pero con bonita figura a pesar de su estatura. La abracé tratando de tranquilizarla. La besé en la boca, con ternura, despacio. Comencé a desnudarla. Sus pechos, pequeños y respingones tenían forma de pera, con sus pezones excitados apuntando como dos pitones. Su piel hipersensible al tacto de mis manos. Su vientre liso, su pelvis perfecta, con un frondoso sexo, cosa que me extrañó a su edad, cuando la mayoría de las jóvenes se depilan dejando un pequeño rastro de vello. Su bonito trasero, proporcionado con su estatura y cuerpo, sus piernas.......
Se tumbó sobre la mesa del salón. Separé sus piernas y pude ver un clítoris sonrosado y tieso, una vagina con la abertura pequeña, estrecha para mí, dudaba de poder penetrarla. Ante mi extrañeza me comentó que había sido follada sólo dos veces. Busqué un preservativo y colocándomelo en mi pene semierecto intenté penetrar su vagina, sólo por curiosidad, realmente no sentía deseos de follarla en esos momentos. No pude, la vagina tenía una abertura demasiado estrecha y me producía dolor. “¡Fóllame, por favor.... fóllame!!!”. Introduje uno de mis dedos despacio, masajeando su punto “g”. Eso la excito totalmente y aproveché para acariciar su cuerpo, sus pechos pequeños, chupar sus pezones. Ella se retorcía y casi gritaba. Sus orgasmos eran muy escandalosos. Conseguí que se corriera cuatro veces, una tras otra. Aquello causó la excitación total de mi pene. Bajó de la mesa y de rodillas metió la polla en su boca, agarrándome el culo con sus dos manos. Así me la follé, notando como entraba el miembro por completo, saliendo y entrando. Ella no sentía ningún reparo y gemía. El chorro de semen no podía ser muy grande después de todas las corridas de la tarde, pero sentí como salía dentro de su boca..... un orgasmo lento y algo doloroso por la sensibilidad del pene. Fuimos al baño y nos duchamos. Su cuerpo era casi el de una niña, pero me demostró que había cumplido los 18 seis meses antes. Eso me tranquilizó. También me comentó que una de sus compañeras tuvo una aventura similar a la nuestra en los probadores de la tienda y quería conocerme. Quedamos en vernos durante la semana. Se vistió apresuradamente y salió del apartamento.
La tarde había sido productiva en exceso y estaba rendido, sorprendido por la experiencia y con deseos de repetirla.

La masajista y mi ansiedad - IV

poll.gifAquella tarde de calor María no estaba en casa. Su madre me recibió con la noticia de la salida urgente de María a un hospital. Su sobrina fue ingresada para una operación de apendicitis, por lo tanto se retrasaría una hora más o menos. “No me importa esperar, tengo toda la tarde libre”, dije. Estaba sudoroso por el calor de la tarde. “¿Le importa que me duche mientras regresa María?”, pregunté. Lucía, así se llamaba la madre, asintió y me acompañó al salón de María. Charlamos un momento sobre el acierto de María al decidirse montar la consulta en casa. Pasé al baño y comencé a desnudarme. Ella seguía hablando en el salón, colocando toallas y otros utensilios de trabajo. Cuando terminó miró hacia mí. Estaba desnudo, listo para entrar en la ducha, pero decidí regresar al salón a por una toalla. La situación me agradaba por lo insólita e imprevista. Ella no sabía que hacer, desconcertada pero sin decidirse a salir de la estancia.

Mientras me duchaba Lucía no dejó de observar apoyada en la puerta del baño. Podía ver su figura a través de la mampara de la ducha. La situación era chocante, algo que jamás se me ocurriría pudiera suceder. Si en esos momentos hubiera llegado María su sorpresa y desconcierto no podía imaginarla. Para ella todo su afán era ocultar a su madre nuestra extraña relación, mostrarla como una creciente amistad entre masajista y cliente.
Salí de la ducha. Lucía me acercó una toalla. Sus ojos recorrían mi cuerpo con una expresión de complacencia y deseo, pero sin dejar de mirar su reloj de pulsera inquieta por la hora. Su hija debería de llegar en media hora más o menos. Mientras arreglaba mi cabello ante el espejo lucía secó mi espalda. Sus manos acariciaron mis hombros..... siguió bajando por la espalda hasta los glúteos y las piernas. Me di la vuelta y mi sexo quedó frente a su cara. Desconcertada se arrodilló. “¿Quieres comértela?”, pregunté. Lucía miraba mi sexo sin decidirse. Acerqué su cabeza y sus labios rozaron el pene. Entreabrió su boca y el miembro entró ante su desconcierto. Percibía que nunca antes había hecho algo así, se dejaba llevar. Ante la creciente erección de la polla dentro de su boca, los ojos de Lucía reflejaban sorpresa. Carecía de experiencia en el arte de la felación. No quería correrme, deseaba reservarme para María. Saqué mi polla y Lucía miró mi erección. No hablaba, su sorpresa por la situación era manifiesta. Empecé a comprender su forma de actuar, la de una mujer cuya soledad se vio sorprendida por el trabajo de su hija. Demasiados años viuda para una mujer atractiva y necesitada de afecto, caricias y deseo. Nuestras conversaciones eran agradables y se expresaba de forma culta. Imaginé lo que me contó algún tiempo después, el suyo fue un matrimonio convencional, de apariencias, donde el amor brillaba por su ausencia.
Salió del baño. Cubriéndome con la toalla fui tras ella. En su dormitorio observé como se desnudaba deprisa. Tenía un cuerpo precioso para su edad, apetecible y ardiendo en deseo. Pasó al baño contiguo, abrió la ducha y el agua comenzó a caer sobre su cuerpo. Lucía se masturbó delante de mí. Sentí deseos de follarla allí mismo, pero decidí salir. María estaba al llegar. Regresé a las habitaciones de María y lavé mi sexo. Tumbado en la camilla, pensando en la situación provocada por la madre, esperé el regreso de María.
Sentí llamar a la puerta. Era María. Habló con su madre durante un par de minutos y después entré en la sala de masaje. Estaba agobiada por la tardanza y se disculpaba insistentemente. Su sobrina estaba mejor y dentro de pocos días regresaría a su casa. No le sorprendió verme tumbado en la camilla. Comenzó a desnudarse y se duchó. Después acercándose al borde de la camilla nos besamos largamente. Acarició mi cuerpo masajeando el tórax y el abdomen, pasando totalmente de la espalda. Yo me mostraba pasivo. Pensaba en Lucía.
María estaba muy excitada y deseaba follar. Subió a la camilla y montó sobre mi sexo. Cabalgó pausadamente, despacio, acelerando el ritmo de vez en cuando. Mis manos agarraron sus pechos y ella jadeaba. Mi erección se mantenía y María quería saciarse. Llegó su primer orgasmo, fuerte y largo. No cesó de moverse hasta conseguir el segundo. Quise cambiar de postura, embestirla por detrás y correrme a placer. Bajamos de la camilla y María se inclinó sobre la alfombra poniendo su hermoso culo en alto, con una vagina abierta y totalmente lubricada. Penetré su sexo y con ritmo acelerado llegué al orgasmo. María saco mi pene y lo restregó por su clítoris....... gemía....consiguió su tercer orgasmo. Cayó rendida al suelo. Me miró sonriendo. Estaba satisfecha, llena........ y con una imagen preciosa de mujer entregada al disfrute, dispuesta a seguir si ese era mi deseo, dijo. Nos duchamos juntos. María no fue consciente de que la puerta de la sala se abrió. Lucía estaba observándonos en la ducha. A los pocos segundos desapareció cerrando la puerta sigilosamente. Lucía sospechaba lo nuestro, estaba seguro.
Nos despedimos aquel día sin quedar citados. Llamaría la próxima semana. Marché sin despedirme de Lucía. Imaginé que estaba turbada por todo lo sucedido.
27/04/2005 18:03 Enlace permanente. FANTASIAS ANIMADAS No hay comentarios. Comentar.

La masajista y mi ansiedad - III

041115_kiss.gifPasaron dos semanas antes de mi siguiente llamada. María no estaba en casa, dejé mi número de teléfono a su madre. Las dudas me asaltaban constantemente, no me decidía a dar el paso de ir a su casa estando su madre, temía que la relación de complicidad no funcionara de la misma manera, que la presencia de la madre fuera un obstáculo inoportuno. María necesitaba ese tipo de encuentros entre nosotros, aleatorios, imprevistos y deseados, pero sin ataduras ni compromisos permanentes. Estaba de acuerdo con ella, para mi significaron una rotura de mi vida rutinaria y anodina, de trabajo absorbente y agotador, un escape liberador de tensiones, un secretismo con mucho encanto. Algo que nadie, salvo nosotros, podía imaginar. La diferencia de edad era notoria, veintidós años nos separaban...... casi una generación.
Las noches se convirtieron en una tortura, dándome las dos y tres de la mañana sin dormir, pensando en ella, en cómo se sentiría, cómo llevaría el trabajo en su casa, con quién saldría......... qué tipo de clientes atendería en su domicilio. Por otra parte me tranquilizaba el saber que su madre estaba con ella. No me decidí a llamarla otra vez, preferí esperar........ ver su reacción ante mi llamada después de dos semanas sin contactar con ella.
Diez de la noche, sonó el teléfono. Era María, estaba contenta y alegre. Esperaba con ansias mi llamada, dijo. Su madre estaba con unas vecinas, por lo cual pudimos hablar distendidamente. Tranquilizó mis inquietudes sobre la presencia de su madre en casa. Ella le habló de un paciente con problemas articulares, que precisaba tratamiento largo y sesiones de mas de dos horas, por lo cual el problema de mi presencia mas de lo debido estaba solucionado. Hablamos de su estado de ánimo. Las dos semanas estuvo bastante ocupada, preparando la habitación-despacho para los masajes y tratamientos, recopilando datos de posibles clientes y organizando su biblioteca. Había atendido a quince pacientes y el incremento de trabajo prometía. Quedamos citados para el viernes, faltaban dos días.
Llegué puntual a la cita. La madre de María abrió la puerta. Era una mujer de mi edad. Atractiva y muy agradable, con simpatía, buena conversadora. Estuvimos charlando unos minutos. María estaba terminando de atender a una señora mayor con problemas de artrosis. Me encontraba cómodo en esa casa y la atmósfera de cordialidad de la madre, supuso la toma de confianza en aquella situación de complicidad entre María y yo.
Al entrar en la consulta pude comprobar el estilo de trabajo de María. Era ordenada y detallista. La habitación era grande y con un gran ventanal. En aquellos momentos la luz era suave, muy tenue, una música de relajación, diversos cuadros y murales pequeños con temas de masaje oriental, flores y paisajes de pintura china. Estanterías con libros, una mesa con ordenador, la camilla hidráulica de masaje en un lateral y un sofá (que más tarde pude comprobar se convertía en cama). En otro lateral de la sala estaban los aparatos propios de fisioterapia y un armarito muy coqueto donde guardaba las cremas y aceites de masaje, toallas y otros artículos.
María estaba en el centro de la habitación, preciosa, con una amplia sonrisa, vestía una bata blanca. Cerré la puerta y por señas me indicó que bloqueara el cerrojo. Desabrochó su bata y apareció una María completamente desnuda, de bonita figura. Se abalanzó hacia mi, nos besamos como dos colegiales en celo, mis manos intentaban abarcar su espalda, culo, cuello......casi rodamos por el suelo. Se arrodilló y comenzó a quitarme el pantalón. Apenas habíamos cruzado una palabra. Dejé caer la chaqueta sobre el sofá y comencé a quitarme la corbata y la camisa. Ella palpó mi sexo duro y agarró mis testículos.... miró el pene y acercó sus labios. Despacio pasó la lengua a lo largo del miembro. Yo no quería interrumpir aquello, permanecí quieto y muy excitado. María miró a mis ojos diciendo: “Quiero que te corras pronto, luego haremos más cosas....”. Jugando con mis testículos entre sus dedos metió la polla en su boca y chupó profundamente, combinando labios y lengua. Controlando mis testículos sabía el momento de mi orgasmo. Cuando el semen brotó ella utilizó la lengua para recibirlo. Después una de sus manos frotó la polla hasta que salió el resto de semen. Mis gemidos le excitaban. María me llevó al baño anexo a la sala. Nos limpiamos. Mirándonos me sonreía y me besaba. “¿Por qué tardaste tanto en llamar?”, preguntó. Le dije todo sobre mis dudas, la situación tan anormal de nuestros encuentros..... mis sentimientos contradictorios, la diferencia de edad y el saber que lo nuestro no ara amor, era otra cosa. No nos conocíamos en realidad. No quería que sufriera por mi culpa. “María, llegará un momento en que necesitaré verte más a menudo..... y eso no será posible, primero por mis temas de trabajo, mi familia....... y tu madre, claro, ¿cómo le explicas a tu madre esto?”. María trato de disipar todas mis dudas, para ella el problema no era tan grande, su madre entendería con el tiempo que lo nuestro caminaba hacia una buena amistad. Tumbado en la camilla escuchaba los argumentos de María, mientras ella manipulaba mi espalda. Se empleó a fondo en el masaje. Sus manos eran ágiles y seguras. El masaje de piernas fue lento y profundo, sin experimentar por mi parte excitación alguna. Me di la vuelta. Continuó el masaje de piernas. Yo contemplaba su cuerpo desnudo ante mí. Acaricié sus senos mientras masajeaba mi tórax y abdomen. Acaricié su espalda y glúteos. La excitación comenzaba de nuevo, sin prisas. María era una experta en conseguir la erección del pene en el momento adecuado. Ella se excitaba viéndole. Por un momento pensé que repetiría la felación. Para mi sorpresa María me invitó a dejar la camilla. Me puse en pié y ella, colocándose en el borde inferior y, regulando la altura de la camilla, reposó su torso. Sus piernas y culo quedaron frente a mi sexo. Con las manos separó sus glúteos apareciendo la vagina, abierta como el capullo de una flor, invitando a probar su néctar. Me arrodillé y exploré su sexo, era la primera vez que lo contemplaba. Acaricié los labios y la sonrosada vagina con suavidad. Estaba muy lubricada, se notaba la excitación de María. Su vagina joven, fresca e invitando a poseerla. Acaricié el clítoris, saliente y duro. María comenzó e gemir, “¡fóllame por favor, fóllame!”, susurró. Pregunté si tenía preservativos, “he comenzado a tomar la píldora este mes, no te preocupes”, dijo. Me incorporé. La erección se había completado. Acerqué mi polla y María lanzó un suspiro al sentir la penetración, suave y lenta. Las contracciones de la vagina me excitaban más. Follé a María lenta y profundamente, acariciando su precioso culo y su espalda. “Nunca me han follado así, con tanta suavidad... siento mucho y muy dentro...... me voy a correr....me.... me corro.... ¡ah, ah!”. El orgasmo de María fue largo. Yo seguí penetrando con el mismo ritmo, sabía que se correría otra vez. Ante la proximidad de mi eyaculación aumente el ritmo, María aumentó sus contracciones. Al sentir el semen en su interior gimió y suspiró fuertemente.... tuvimos el goce al unísono. Saqué el pene todavía duro. Ayudé a María a incorporarse. Me beso y fuimos al baño. Mientras se lavaba el sexo en el bidé miraba mi polla dura, con restos de semen y flujo vaginal. No sabía por qué, pero me excitaba su mirada. La erección no cesaba y me sorprendió. Nunca me consideré un semental, necesitaba tiempo para recuperarme después de un orgasmo.
Me invitó a sentarme en el bidé y comenzó a lavar y manipular mi polla. El tacto de sus dedos con el gel y su forma de manipular, acariciar, mantuvieron la erección. Me incorporé y comenzó a secar mi sexo. Su lengua lamió el glande.... su boca chupó y frotó el miembro que aún soltaba restos de semen. Apoyado en la pared del baño, casi sin fuerzas, notaba como María agarraba mis testículos y chupaba mi polla insistentemente. Con la otra mano María se masturbaba y gemía. La sensibilidad del pene hizo que el orgasmo fuera algo doloroso, como excesivo para mi ritmo de actividad sexual. Tres orgasmos en menos de una hora era demasiado para mí, no estaba acostumbrado. Después de la eyaculación, como adivinando la molestia por exceso de sensibilidad, María mantuvo el pene en su boca, acariciándolo suavemente con la lengua. Era una sensación agradable. El pene comenzó a ceder.... su flaccidez era cada vez mayor. María sonreía mientras continuaba en su boca. Al sacarlo escupió en el bidé el semen. “Al final parecía que tuviera el pene de un niño en la boca, ¡qué diferencias de tamaño adoptan vuestras pollas!”, dijo. Volvió a lavarme y salimos a la sala. Comenté con María el no estar a su altura en la capacidad sexual. Se rió y dijo que eso no era importante, “me haces sentir y mucho, además consigues que me corra más de una vez, quiero que te sientas bien a mi lado y disfrutes. La próxima vez lo haremos como tu desees”. Charlamos un buen rato. Se hacía tarde, Maria preparó la ducha, “dúchate antes de salir, estas pringoso de aceite”. Ella se puso la bata y salió de la sala. Sentí hablar a las dos mujeres mientras terminaba de ducharme. Salí a la sala para vestirme y comprobé que la puerta estaba abierta. La madre de María desde el pasillo me divisó desnudo. Me sentí algo confuso. Ella me sonrió y siguió su camino. Al despedirme no dije nada de lo ocurrido a María. Quedé pensativo. “Te llamaré o me llamarás, ¿no?”, dijo. Caminé hacia el coche pensando en todo lo sucedido.
22/04/2005 07:56 Enlace permanente. FANTASIAS ANIMADAS No hay comentarios. Comentar.

La masajista y mi ansiedad - II

beso 2.gifLa semana transcurrió lenta y con muchos problemas de trabajo. Con frecuencia acudía a mi mente el recuerdo de aquella mujer, su perfume y olor corporal, sus ojos y su manera de actuar en nuestro primer encuentro.
El martes llamé al teléfono facilitado por ella. Contestó una mujer con voz dulce. Pregunté por la muchacha, “No está en casa, soy su madre, ¿quiere dejar algún recado?”, “No”, respondí, “llamaré más tarde, gracias”, “muy bien, ella llegará sobre las tres de la tarde”.
Repetí la llamada a las cinco de la tarde. Esta vez contestó ella, reconocí su voz. Quedamos citados para las once de la mañana siguiente. Ella estaría pendiente de mi llegada y en complicidad con la recepcionista del local. Estuve nervioso toda la tarde, deseaba el encuentro, lo necesitaba...... no comprendía que estaba pasando, pero la personalidad de la joven me estaba enganchando sin apenas haber hablado. Dormí mal esa noche, soñé con una mujer que no alcanzaba, escurridiza y esquiva.
A las once menos unos minutos aparqué muy cerca del local. Caminé los pocos metros de distancia y al llegar a la puerta la recepcionista, al verme, sin apenas saludar descolgó un teléfono y llamo a la masajista. Después nos saludamos, tomo nota en la ficha de la hora y tipo de sesión. La masajista asomó indicándome que le siguiera. Entramos en otra cabina distinta, algo más grande y con mejor luz. Cerro la puerta bloqueando el cerrojo, nos miramos y sonreímos. Nos besamos. Fue un beso distinto al del primer día, un beso largo, profundo, lento. Ella notó mi temblor, parecía un colegial. Me abrazó y dijo: “Tranquilo, yo también estoy nerviosa, desnúdate y túmbate en la camilla”. Ella se quitó la camiseta. Comenzó a masajear mi espalda. Era muy relajante la sensación. El masaje de las piernas fue más directo que la primera vez. No se cortaba en absoluto en acercar las manos a los glúteos y testículos, separaba mis glúteos introduciendo su mano para agarrar mi escroto y el pene que asomaba ya duro. Deseaba darme la vuelta, en esa posición no podía tocarla..... “Paciencia, ten paciencia, luego me acariciaras” dijo presintiendo mis deseos.
Aquella mañana me dijo su nombre. María. Ella conocía muchos datos míos por la ficha abierta en recepción. María era soltera, veintiséis años, vivía con su madre, viuda, en un gran piso situado en el barrio de Salamanca, hija única tras la muerte de su hermano mayor en un accidente de aviación. Estudió fisioterapeuta y ejercía como masajista en aquel local. Le gustaba su trabajo pero deseaba ejercer también su profesión.
Una vez boca arriba María prosiguió con las piernas. Mi mano tanteaba su cuerpo. Ella, bajándose el pantalón, facilitó mi visión. Sus piernas eran bonitas y su sexo poblado de un vello rizado. La excitación se incrementaba por momentos y ella era consciente de que terminaríamos pronto.
María me comentaba durante la sesión su deseo de montar consulta de fisio y masaje en su casa. Contaba con la aprobación de su madre y pensaba disponer de una cierta clientela con problemas de articulaciones y musculares así como gente necesitada de diversos tipos de masaje corporal. Lo había comentado con la dirección de su trabajo actual y llegaron a un acuerdo. Incluso podían derivar a su domicilio el exceso de pacientes con algún tipo de dolencias. Estaba contenta y pensaba iniciar todo eso a primeros de mes. Quedaba una semana escasa. La noticia me hizo temer el final de nuestras sesiones de masaje. “Lo nuestro seguirá”, dijo, “pero en mi casa”.
La conversación durante el masaje causaba un descenso de nuestra atención en la excitación, con la consecuencia de que mi pene no completaba la erección que ella buscaba. Adoptó una postura mediante la cual introdujo mi miembro en su boca. Mi mano buscó su vagina y uno de mis dedos penetró. Sentí que su boca y su lengua me transportaban al séptimo cielo........ el semen salía y la sensación era alucinante, como de no terminar nunca, como de seguir y seguir....tenía ganas de gritar mientras ella experimentaba unas contracciones aceleradas...... cerró su vagina aprisionando mi dedo y gimió largamente con mi pene en su boca.
Nos limpiamos mutuamente. Me abrazó y comprobé que estaba llorando..... “necesito esto”, dijo, “lo necesito y pensé que no encontraría a nadie con tanta sensibilidad como tu, todavía no me has pedido follar”.
El tiempo había pasado deprisa. A la salida de la cabina quedé en llamarla. Posiblemente la próxima sesión fuera en un lugar distinto, más íntimo para ella. Quedé pensativo, me preocupaba que su madre fuera un obstáculo en nuestros esporádicos contactos. Pero la sorpresa fue agradable. Teníamos todo a nuestro favor. María diseñó el plan y...... el plan funcionó.
18/04/2005 18:15 Enlace permanente. FANTASIAS ANIMADAS No hay comentarios. Comentar.

La masajista y mi ansiedad - I

erotic076.gifLa masajista y mi ansiedad - I

Acudí a la cita acordada por teléfono. Era un centro de terapia de masajes y fisioterapia, con instalaciones adecuadas para tratamientos de rehabilitación, sauna, quiromasaje y otras técnicas de relajación oriental, tan de moda por esos años en la gran ciudad. Vamos.... que era un sitio serio y recomendado por la guías al uso.
Por aquellas fechas andaba yo con un estado nervioso al borde de una crisis de ansiedad, lo cual producía un incremento en mis ansias asesinas y la víctima propiciatoria era uno de mis jefes, un auténtico cabronazo con pintas.
La recepcionista tomó nota de mis datos, haciendo la correspondiente ficha para freírte a publicidad mediante correos. Todo estaba perfecto. A los dos minutos apareció una joven con camiseta y pantalón blancos, el uniforme de los masajistas en los balnearios. Me invitó a acompañarla hasta la cabina de masaje. Una vez dentro dijo "Desnúdese y túmbese en la camilla". Dejé la ropa en un perchero y desnudo me tumbé boca abajo. Hizo intento de ponerme una toalla encima, "No, por favor, tengo calor", "Bueno, lo normal es que el cliente quiera estar tapado, más que nada por pudor", "No se preocupe, yo no tengo ese falso pudor, a fin de cuentas estoy desnudo y Vd. me está viendo". La joven sonrió y asintió con la cabeza. Aparentaba unos 25 años, de mi estatura más o menos y con bonita figura. Se puso crema para masaje en las manos y empezó a calentar la zona de la espalda, hombros y glúteos. Era rápida y conocía su oficio. Después comenzó con la típica isquemia para llevar la sangre hacia arriba, al corazón. Me gustaba su tacto, su forma de masajear los músculos. Toda era perfecto hasta que le tocó el turno a las piernas. Cuando pasaba sus manos por el interior de los muslos siempre rozaba mis testículos. Los tenía que ver al estar con las piernas separadas y calculaba justo hasta el escroto, rozando con suavidad y deteniéndose. Mi pene acusó ese roce y note como incrementaba su tamaño. Ella lo vio salir por debajo del escroto. En la isquemia final de las piernas lo rozó y el pene lo acusó más. Parecía no tener ganas de terminar de masajear mis muslos y mis glúteos. Se recreaba en ellos. Al finalizar, pasados dos minutos me dijo "Póngase boca arriba, ahora toca por delante".
Al darme la vuelta nos miramos. Su boca dibujaba una sonrisa. Posó su mirada sobre mi sexo. Éste mostraba una cierta erección. Tenía un rostro bastante agraciado pero de expresión un poco dura y ojos tristes. A pesar de su juventud causaba la sensación de una persona con experiencias fuertemente vividas, experiencias no muy agradables.
Comenzó a masajear los pies, las piernas y muslos. Levantaba mi pierna derecha doblándola y apoyando mi rodilla sobre su torso, para así poder masajear la zona interior del muslo. Siguió con sus roces en los testículos. Con el movimiento de sus manos y dedos mi sexo bailaba de un lado a otro y la excitación se hacía visible. Pasó a la otra pierna y el juego fue el mismo. Observé su rostro, estaba sudorosa y excitada de ver mi erección. Pensé que eyacularía en cualquier momento, tal era mi excitación y el estado de mi pene que me dolía, notaba esa erección extrema que se hace insoportable. Sentí deseos de tocarla. Como adivinando mis pensamientos me pidió permiso para quitarse la camiseta, tenía demasiado calor, dijo. “Por supuesto que si, no me importa en absoluto”, respondí. Fue hacia la puerta de la cabina y bloqueo el cerrojo. Rápidamente se quitó la prenda de arriba mostrando un bonito torso y unos pechos de tamaño medio, tersos y firmes, con unos pezones salientes debido a su excitación. Continuó masajeando mi muslo izquierdo. Acerqué mi mano a su trasero: “¿Puedo tocarte?, “Si”, respondió. Cambió de postura acercando más su cuerpo a mi mano. Tenía un culo de formas bonitas, duro y apetecible, metí la mano por la cintura del pantalón y lo baje hasta poder ver parte de sus glúteos. Seguí tocando, acariciando suavemente y deslizando mi mano hacia su pubis. Rocé su vello púbico y eso le excito mucho, poniendo un gesto de placer y gimiendo.
Ella continuaba con la zona del muslo, rozando mi escroto insistentemente, hasta que una de sus manos agarro mis testículos y los acarició de forma muy suave. Con la otra mano masajeó mi pecho y el abdomen parándose en el vello de mi sexo y rozando el pene. Estábamos creando un clima muy especial, de mucha complicidad y deseo. Ignoraba como terminaría la sesión de masaje, pero mi estado semejaba a una especie de éxtasis, un carrusel de sentimientos entremezclados y algo muy especial hacia la joven que me impedía poseerla, como no queriendo romper el hechizo del momento. No dejé de mirar su rostro, apreciando el mínimo cambio, la mínima expresión de sus ojos. Ella pasaba su mirada de mi sexo a mis ojos, como no queriendo perder detalle de mi posible eyaculación. Nos miramos y sonreímos. Mantuvo mi mirada unos minutos cambiando su expresión. Era como si nuestras mentes quisieran penetrarse, fundirse en un solo deseo y goce.
Dejó de masajear mi torso y acarició suavemente mi pene sin dejar de manipular los testículos. Al mirarme vio mi gesto de placer. Comenzó a frotar, era agradable, “Quiero correrme contigo” dijo, “Quiero ver salir el semen de tu polla, avísame”, “De acuerdo” contesté. Aprisionó parte de mi mano entre el borde de la camilla y su clítoris con un movimiento lento y excitante, observando mis ojos y mi polla. Su mirada era fuerte, intensa, no quería perder detalle del momento y disfrutaba de la situación. Mientras frotaba mi pene con suavidad pero con firmeza pensé en las posibilidades de coincidir de nuevo con la misma masajista.
Llegué al límite, ella lo observó, no podía aguantar más, intuía un orgasmo largo, intenso........ “¡ya!”, dije. Ella aceleró su movimiento púbico....... mi polla soltó el semen y ella gimió y gimió corriéndose varias veces mientras seguía frotando lentamente mi sexo. El orgasmo no terminaba, se hacía lento y placentero. Continuó frotando y acariciándolo, cada vez mas despacio, mientras la erección seguía, hasta que el pene se mostró fláccido. Limpió mi abdomen de semen y con otra toallita húmeda agarró mi polla y sacó los restos de semen, limpio el sexo y se quedó mirándome fijamente, con una sonrisa en los labios.
Mientras me vestía pregunté si era posible coincidir otra vez para una sesión de masaje. “Bueno, a mi también me gustaría, pero puede que ese día libre y no coincidamos, mejor te daré mi teléfono y quedamos seguro”. “De acuerdo”, contesté. Quedé en llamarla a principios de la siguiente semana, deseaba verla de nuevo. Salimos de la cabina despidiéndonos con un beso. La sesión resultó de gran terapia para mi ansiedad y confiaba en que siguieran más ..........

La vecina de enfrente

eros024.gifPor la noche llegaba a casa cansado. Eran muchas horas de trabajo, desde las 8 de la mañana hasta las 9 de la tarde/noche. Después de una hora de transporte larga .... nunca llegaba antes de las 10 pasadas.
A la misma hora llegaba ella. A veces coincidíamos en el metro. Nos mirábamos y saludándonos con un "hola", o un movimiento de cabeza si estábamos distantes en el andén o vagón del metro, cada uno a su bola. Nunca llegamos a mantener una conversación, pero nuestro conocimiento era íntimo, clandestino en la distancia, con el conocimiento corporal que da el voyerismo mutuo. Ella observaba mi balcón desde su ventanal a ciertas horas, cuando intuía que podía verme, al acostarme o levantarme. Subía a la azotea del edificio para observar desde allí mis movimientos en el baño. La situación me excitaba, era agradable mostrar ante ella mi desnudez con total naturalidad, ducharme sin ocultar nada, mostrar mi erección matinal ante sus ojos o masturbarme frente a ella.
Por mi parte observe en múltiples ocasiones como al entrar en la casa pasaba al dormitorio y se desnudaba completamente. Ella era consciente de que le estaba mirando y se recreaba paseando por la habitación, acariciándose el cuerpo. Era una mujer de unos 45 años, de aspecto agradable, son unos pechos medianos y un pubis muy poblado. Su culo era grande, sus piernas largas y un poco gruesas. Lamenté no haber intimado verbalmente, hubiéramos terminado en la cama. Imaginaba el sexo con ella, tomarla por detrás teniendo ante mi su hermoso culo. Andaba desnuda por la casa. Cenaba en el saloncito, sentada en el sofá viendo la tele. A veces vi como se masturbaba mirando a mi balcón. Utilizaba sus dedos y era lenta. Cuando alcanzaba el orgasmo se retorcía de placer. Entonces comenzaba yo. Ella miraba atentamente mientras se acariciaba los pechos y cuando veía mi orgasmo se ponía tensa, separando las piernas, como invitando a entrar en su sexo.
Los sábados por la mañana aprovechábamos para limpiar cada uno su piso en condiciones. Ella con un picardías transparente se movía por la casa. Yo casi siempre desnudo realizaba las tareas pendientes de la semana. Al finalizar entraba al baño para afeitarme y ducharme. Ella aprovechaba el momento para subir a la azotea a tender su colada. Desde allí observaba todos mis movimientos. En ocasiones, ante su mirada, me acariciaba el pene hasta ponerlo erecto y me masturbaba en la ducha. Ella no perdía detalle. Bajaba al piso y quitándose la poca ropa se excitaba mirando hacia mi balcón. Esos días utilizaba un consolador para follarse frenéticamente.
Un día apareció en su piso acompañada de un chaval joven. Pensé que era alguien de su familia, un sobrino o algo así. El chaval no aparentaba más de 19 o 20 años. Ella observó que estaba en mi balcón, mirando. Por señas, y sin que el muchacho se diera cuenta, me indicó que apagase la luz. Entendí y así lo hice. Seguí observando con la luz apagada y ella lo sabía.
Sentado en el sofá el adolescente encendió el televisor. Ella entró en su dormitorio y se desnudó. Salió hacia el baño y el muchacho la miró sorprendido. Al regresar al saloncito apagó el televisor y le dijo algo. Él se levantó y ella le abrazó. Estaba aturdido el pobre chaval, no sabía que hacer con las manos, donde tocar. Comenzó a desnudarle y el se dejaba hacer. Tenía aspecto de niño, joven pero aniñado, con un pene tieso, duro como una piedra, mirando hacia arriba. De la mano le llevó al dormitorio. Agarró la polla del muchacho y se la metió en la boca. A los pocos segundos la sacó y escupió todo el semen en un clinex. El chaval se había corrido de inmediato. Posiblemente fuera la primera vez que experimentó una mamada, pero su polla seguía erecta. Le tumbó sobre la cama y se puso encima, introduciendo la polla del chaval en su vagina. Cabalgó con suavidad y pude ver el rostro del chico en cada orgasmo. Conté tres y otros tantos de ella.
Cuando se dio por satisfecha se tumbó de espaldas. El chaval acariciaba su cuerpo, su culo, sus piernas. Restregó su pene fláccido sobre el hermoso culo de la mujer. Pronto se puso duro y siguió restregando. Ella parecía como adormilada. El chaval se montó sobre sus muslos y se hizo una paja sobre el culo. El chorro de semen saltó a la espalda de la mujer. Lo sintió y un ligero estremecimiento le hizo incorporarse. Dándose la vuelta invitó al joven a follar. El chico no tenía experiencia y el pene se salía ante sus envites. Ella le agarro entre sus muslos y llevó la voz cantante, dando la impresión de que el chaval era un simple muñeco al que se estaba follando. Cuando se corrieron le hizo incorporarse y llevo la cabeza del muchacho hasta su poblado coño. El chaval comenzó a comérselo y ella a retorcerse de gusto.
No salía de mi asombro, esa mujer quería jovencitos para follar, chavales que pueden correrse una y otra vez a su edad. Mi estado era de excitación total.
Después de un pequeño descanso el chaval miró el reloj de la mesilla. Se levantó rápido y fue al baño. Se duchó y salió para vestirse, ella comenzó a besarle. El chaval insinuaba que era tarde mirando al reloj, pero la excitación era visible de nuevo. Ella se sentó en el suelo y, agarrando la polla del chico, comenzó a masturbarle, mientras con la otra mano le acariciaba los testículos. El chaval se corrió salpicándole la cara con el semen. Limpió el pene del muchacho. Éste se vistió y despidiéndose con un beso marchó de la casa. El llegar al portal comenzó a correr hacia la entrada del metro. La mujer se duchó. Al finalizar me hizo señas. Encendí la luz y observó mi estado de excitación. Comencé a masturbarme y ella hizo lo mismo.
El tema de los chicos jóvenes se repitió varias veces más, siempre eran los mismos, tres chavales de edades comprendidas entre los 19 a 20 años.
Cuando marché de la ciudad, al finalizar la mudanza, encontré una nota en mi buzón:
"Lástima que te ausentes del piso. Soy bisexual y tengo tres chicas, tres monadas que te gustaría compartir conmigo. Tú te lo pierdes. Por cierto, ¿sabes una cosa?, me gusta tu polla y como te masturbas. Perderé la ocasión de verte follar con una de mis chicas y de ver como te masturban".
La de ocasiones que uno ha podido desperdiciar. Ya no quedan vecinas así, tan desprendidas, ¿verdad?

Blog creado con Blogia.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris